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Dos miradas

Estas reclamaciones de impuestos, que hunden a festivales de renombre internacional, teatros de prestigio, centros culturales y museos de relieve, solo se dan en Catalunya

Ayer hablaba de cómo se lamina el grueso de una cultura. De cómo se convierte, persistente y constantemente, en un reducto lateral. Hoy insisto, con la insólita política de la Agencia Tributaria en el tema del IVA a las subvenciones públicas a las empresas y entidades culturales. Se arrastra de hace tiempo, pero ahora es visible gracias a la denuncia que Salvador Sunyer hizo este fin de semana. Está en peligro buena parte del tejido artístico y escénico del país, desde el festival Temporada Alta al Teatre Lliure, desde el MNAC el Macba. En resumen: las cantidades que se recibían en concepto de subvención, de resultas de una práctica habitual en el sector y con el aval de resoluciones europeas, no tributaban el 21% de IVA. Hacienda decide cambiar de criterio de repente y lo aplica con severidad para desmantelar el sector.

Opinión exprés

Cultura robada

Emma Riverola

Escritora

Los interesados se mueven, tienen conversaciones con la administración y, finalmente, se consigue aprobar una ley que marca con nitidez que las subvenciones culturales no pagan IVA. Contra todo pronóstico, sin embargo, Hacienda sigue con las inspecciones y reclama un tributo que ya no existe. Delirante. Y lo más delirante de todo es que estas reclamaciones, que hunden a festivales de renombre internacional, teatros de prestigio histórico, centros culturales y museos de relieve, solo se dan en Catalunya. Como dice Jaume Subirana, vivimos con la idea de que «todo lo que tenemos, lo tenemos hasta que al ministerio correspondiente se le ocurre reclamarlo». 

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