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Dos miradas

Los premios responden a criterios personales. Luego están los reconocimientos memorables, unánimes. Como las estrellas Michelin


Los premios siempre responden a criterios personales. Después están los reconocimientos memorables, unánimes, los que certifican una evidencia. Entre estos, las estrellas Michelin, que este año, entre otros, han ido a parar a Xavier Sagristà Toni Gerez (Castell Peralada), a Albert Adrià (Enigma) y al terceto formado por Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas (Disfrutar). Hablo de ellos porque todos provienen de El Bulli y, en un momento u otro de su historia, participaron en la creación de la culinaria que inauguraba el espacio inédito de una experiencia estética y cultural de primer orden. Dispersos, años después, cada uno a su manera, rememoran el incienso que se respiraba en aquel templo de Cala Montjoi.

Provenientes de otra tradición, los hermanos Torres han accedido a su segunda estrella por Dos Cielos. Ellos mismos hablan de una «oportunidad», no de un hito, porque la cocina que hacen, «al servicio de la emoción», heredera de la tradición, subyugante, aspira al máximo a través de la más absoluta sencillez. Una bocanada poética, concentrada y precisa. El pensador Lluís Duch dice que los seres humanos «somos herederos» y que, con la construcción de narrativas compartidas, de simbolismos, «hacemos presente lo ausente». Los Torres, Javier y Sergio, trabajan justamente en este registro tan delicado. Como un haikú. Como si fuera una caligrafía oriental que, con trazos robustos, rememora frágiles sentimientos.

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