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Messi e Iniesta protestan el gol no concecido.

REUTERS

¿Fantasma?, el linier, sí

Emilio Pérez de Rozas

Y aún dudan si poner o no en marcha eso del VAR, o el BAR, o el café, o el café con leche. Y hablan de goles fantasmas. ¡No, hombre, no! Hay goles fantasmas, que son los que no son, pero el de anoche, en Mestalla, en un inmenso estadio, donde 47.775 aficionados de los grandes asistieron y convirtieron el fútbol en lo que es, el mayor espectáculo del mundo, ¡ni Rolling Stones, ni cuentos!, fue un golazo como una casa, un tanto que entró más de medio metro, y no lo ve el árbitro y no lo ve ese señorito de la bandera, que tampoco estaba en línea para verlo, pues, entonces, ¿dónde narices estaba?

Eso, repito, fue un golazo. Y era, ¡vaya que sí!, el gol nº 524 del monstruo Leo Messi, en su partido nº 603, en su día 4.789 con la camiseta del Barça, en su contrato infinito, camino de su título nº 31 y, por supuesto, en busca de su asistencia definitiva, la que sirvió para que Alba empatase un partido que el Barça debió ganar, aunque solo fuese, solo, que ya es mucho, porque le guindaron un gol, que no, que no era fantasma, que era un golazo.

Acabar la Liga en noviembre

Ese señorito, que se fue al vestuario, tras los primeros 45 minutos, casi pidiéndole perdón a Leo Messi ¡menos perdón y más conceder el gol, que era un golazo! ¡pero, claro, la Liga no se puede acabar en noviembre, verdad señor Tebas!, se llama, que lo sepan, apunten, apunten, Enrique José Ramos Ferreiros y era gallego, como aquel generalísimo Franco, que sale en un meme que vi cuando abandoné mi asiento 76 de la fila 15 del anfiteatro lateral 413 de Mestalla sacando el balón de la Pulga de dentro de la portería de Neto. Y como Enrique José, o Ramos, o Ferreiros, o el compa de Franco no vio el gol, el Barça acabó empatando ante un Valencia miedoso al inicio (77,5% de posesión del Barça en la primera parte) y, después, digno segundo de la Liga.

Pero que lo sepan ¡bueno, caray, que ustedes lo saben! fue golazo. No fantasma. Fantasma fue el tal Enrique José. O Ramos. O Ferreiros. O Sánchez Arminio, el que los manda. A los árbitros.
 

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