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La encrucijada catalana

Votos en Navidad, carbón para Reyes

Xavier Bru de Sala

El castigo a Catalunya tomará formas más o menos severas según sea el resultado de las urnas el 21-D


Unos contra el 155, otros contra la república. El 21-D los votantes depositarán una papeleta contra lo que no quieren. Rechazo del Estado y la represión. Rechazo del independentismo y su fuga final. Los aspectos constructivos o no existen o se esconden muy bien. Se trata de un hecho singular, muy negativo, de proporciones gigantescas. A pesar de que votar en contra, de lo que sea, es menos agradable que hacerlo a favor, todos los sondeos auguran una participación estratosférica. Ciertamente, la tensión política moviliza, y moviliza más si la sociedad también se tensa.

Si comparamos las próximas elecciones con el 27-S, que ya batió récords, observaremos que entonces unos votaron con empuje por la independencia y otros con contundencia para frenarla. La diferencia con el 21-D es abismal. Las expectativas de independencia a corto plazo son inexistentes, y brumosas a medio. Con la pifia de la DUI y las medidas tomadas por el Estado, el riesgo se ha minimizado. ¿Alguien puede creerse hoy una hoja de ruta independentista? ¿Alguien puede creer en un programa constitucionalista que favorezca a Catalunya? Ni lo uno ni lo otro.

Fracasado el asalto a la cumbre, el independentismo debe reconstruir el campo base. El Estado se ha quitado la careta. En vez de reforma con mejor financiación y autogobierno, Catalunya será castigada. Un castigo que tomará formas más o menos severas según sea el resultado del 21-D. Los dos trenes no han chocado frontalmente sino que se han rozado de lado mientras se cruzaban. Los daños no son catastróficos pero sí considerables. Para la imagen de España y para las expectativas catalanas de futuro.

La victoria pírrica la administrarán quienes sepan rebajar tensiones
y recuperar estabilidad      

La partida iniciada el 1-O se jugó mal. El gran error de la violencia estatal hizo creer al bloque independentista que disponía de margen, pero no era así. Como algunos dijimos en estas mismas páginas, Puigdemont debería haber convocado de manera inmediata unas elecciones jurídicamente autonómicas y políticamente constituyentes, con todos los colegios abiertos y un recuento homologable. Como consecuencia de los dos errores iniciales, la espiral de despropósitos culmina con los encarcelamientos y la DUI.

Los sufridos votantes de las tres opciones independentistas deberán disculpar la nefasta gestión del 1-O. Deberán votar a ciegas, sin mucha más perspectiva que ayudar a obtener mayoría, si es posible. Aún lo tienen más difícil los partidarios de las tres opciones del otro bloque, ya que su voto es inseparable de las porras, los encarcelamientos, el 155 y una versión tan autoritaria y monolítica de España que pocos se lo imaginaban dentro de Europa. Los del medio, los que están en contra de la DUI y del 155, que en otras circunstancias arrasarían, ya será mucho si sobreviven.

No sabemos el resultado de las urnas de Navidad, pero sí sabemos que los Reyes nos traerán carbón. A todos. Un carbón que administrarán, previa victoria pírrica, quienes mejor sepan interpretar el deseo social, muy extenso y compartido, de rebajar tensiones y recuperar estabilidad. 

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