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La clave

¿Qué sabes de Mladic?

Juancho Dumall

Cada 20 de noviembre se hacen encuestas y reportajes que tratan de averiguar qué saben los jóvenes españoles de Francisco Franco, el dictador que murió en esa fecha otoñal de 1975. Independientemente del mayor o menor rigor científico de esos sondeos de opinión, la conclusión suele ser que las nuevas generaciones conocen poco de la historia reciente de su país. Mal asunto.

La pregunta de hoy podría ser qué saben los jóvenes europeos de Ratko Mladic, el exgeneral serbobosnio condenado a cadena perpetua por el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia, tras ser acusado de genocidio. Porque la Europa democrática, abierta, próspera y libre debería tener destacado en su galería de los horrores, junto a Auschwitz, Katyn, Gernika y tantos otros, el nombre de Srebrenica, el enclave bosnio en el que fueron asesinados más de 8.000 civiles en julio de 1995, dentro de un plan de limpieza étnica aplicado por el ejército serbio de Bosnia. Mladic fue quien ordenó esa masacre, en la que también murieron niños, mujeres y ancianos. 

Estremece pensar que en el corazón de la Europa de los años 90 pudiera perpetrarse una barbaridad de esas dimensiones, cuando tantos focos había puestos en los Balcanes. El vergonzoso papel de los cascos azules holandeses, que dejaron a la población civil indefensa ante los asesinos, no hace sino aumentar la rabia por tanto inocente muerto en una orgía de sangre que se producía aquel verano a una o dos horas de vuelo de las lujosas capitales europeas y de una España pendiente del quinto Tour de Miguel Indurain.

Los jóvenes europeos deberían estudiar la catástrofe de los Balcanes para entender que no vivimos tan lejos del odio homicida, que la derrota de Hitler en 1945 no fue el punto final de los crímenes masivos por razones étnicas en el suelo del continente que alumbró la Ilustración y los derechos humanos.

La Europa del binestar

Preguntarnos hoy quién es Mladic nos pone ante el espejo de una Europa del bienestar que dio la espalda de una manera poco decente a los seguros perdedores de la guerra. Conocer ese pasado tan reciente es una obligación moral. 
 

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