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OPINIÓN

La foto inesperada de Messi

Albert Guasch

No era la foto de la firma de su renovación, tan esperada. La foto era más bien extraña. E inesperada. Messi, abrigado hasta la barba ocre, calentando el banquillo azulgrana. Se prendió la mecha de las especulaciones. Desde que se anunció la alineación, de hecho. Sabemos que al argentino le gusta jugarlo todo y por tanto lo juega. Estamos acostumbrados a que se haga su voluntad, dentro y fuera del campo, así que aquí pasa algo, se oyó tronar. Pero si se cree a Ernesto Valverde, lo único que hubo fue una voluntad de dosificación. Pasa algo con la otra foto, la que preocupa al cantautor Serrat, pero ese es tema que mejor zanjarlo aquí de momento. 

La estupefacción generalizada por la suplencia de Messi pareció expandirse a todos los jugadores del Barça. Tan acostumbrados están a buscarle, en particular en las zonas en que se pueblan de piernas contrarias, que parecieron perdidos, sin nadie a quien encomendarse, sin nadie que desequilibrara. De modo que prevaleció la actitud de limitar los riesgos, no perder el orden y mantener el andamio defensivo, sello por ahora de la era de Valverde

Con suerte Messi habría resuelto con su frescura en la segunda parte. Ese era el plan, dijo el técnico barcelonista. No sucedió. La salvación en Turín vino de parte del habitual últimamente. Ter Stegen hizo una parada de premio mundial. Menuda fotografía. Un zapatazo muy parecido se la coló Dybala la temporada pasada. Ayer el alemán forzó lo indecible las junturas de su hombro derecho para frustrar al argentino y dejar otro partido la portería a cero. 

Y así se ha llegado a octavos de final, blindándose atrás como nunca. Es la undécima temporada del Barça en conseguirlo en primera posición de grupo. De un mérito incontestable. Fiabilidad histórica y fiabilidad de presente.  Porque de eso se trata  ahora en noviembre. No es poco. 
 

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