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La Bolsa y los libros

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Compradores en la Casa del Libro, en el paseo de Gràcia.

Compradores en la Casa del Libro, en el paseo de Gràcia. / DANNY CAMINAL

Todo esto del 'procés' catalán, cuestiones políticas al margen, me ha permitido descubrir un montón de cosas que aún debo digerir en lo concerniente al mundo del libro. A saber. Siempre había pensado que los escritores se mojaban lo justo cuando algún tema social se convertía en 'trending topic'. Recuerdo las movilizaciones sobre la guerra de Irak y el protagonismo lo asumieron más los del cine que los literatos. Y juraría que con el tema de los refugiados o la violencia de género no se han expuesto en exceso. Sin embargo, con el asunto catalán, el posicionamiento a uno y otro lado del conflicto ha sido más que generoso, como si el tema territorial les obligara a ponerse al descubierto, no fuera que los colocaran en el lado equivocado.

También me ha llamado la atención que el jefe de los editores de este país asegurara que mentía quien dijera que en octubre no había notado un descenso en las ventas. Y no solo en Catalunya sino también allende sus fronteras. Es decir, que aunque los libros no coticen en el Ibex 35, el 'procés' ha provocado que se lea y se compre menos ya que todos preferimos estar atentos a lo que se cuece en los programas de Basté, Francino o Ferreras. Habrá que esperar a ver si el 155 sube la prima de riesgo lectora.

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Asimismo, tengo curiosidad por ver si este bajón ha afectado a los libros procesistas y unionistas o por el contrario viven un subidón. Me refiero a los de Joan B. Culla, Antonio Baños, Bru de Sala, López de Lerma y Duran i Lleida, entre otros. Aunque lo que me tiene intrigado de verdad es averiguar si lo vivido será el alimento de algunas novelas del futuro. Porque estoy convencido de que la gran novela sobre el 'procés' aún está por escribir, ya que nada explica mejor la realidad que la ficción. Eso sí, dudo de si debería ser un 'thriller', una historia de terror o quizás de ciencia ficción. Y como estoy fatal, me gustará ver dónde se encuentra la sede social de la editorial que la publique. Así que antes de volver a los ansiolíticos, seguiré con lo mío: leer. Eso me salva. Es más, con su permiso, me voy a tirar de cabeza a otro 'Proceso': el que desde adolescente me tiene abducido. El de Kafka.