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Editorial

Un cúmulo de elementos en contra

La inestabilidad catalana ha sido un obstáculo para que Barcelona lograse la Agencia Europea del Medicamento

Sede de la Agencia Europea del Medicamento en Londres.

Sede de la Agencia Europea del Medicamento en Londres. / REUTERS / HANNAH MCKAY


Barcelona salió ayer muy mal parada de la votación sobre la sede de la Agencia Europea del Medicamento, que a partir del año 2019 pasará de Londres a Ámsterdam. La capital catalana cayó en la primera ronda, un resultado muy alejado de las condiciones objetivas de la candidatura. Han sido, pues, otros factores los que han incidido en la votación. Sin duda, el más evidente y reciente ha sido el desenlace del desafío independentista. La quiebra de la legalidad, la declaración de independencia que pretendía dejar en suspenso la pertenencia a la Unión Europea, los múltiples paros generales y las continuas manifestaciones no han sido un buen aval para la candidatura de Barcelona, que, de creer a algunos, parecía que pudiera quedar fuera de la Unión como ahora ha quedado Londres, su actual sede. Seguramente que la falta de diálogo entre las instituciones tampoco ha ayudado, pero es evidente que la inestabilidad y la inseguridad jurídica han sido en todo caso un factor negativo, que en esta ocasión no ha permitido ni siquiera llegar a la final.

Mucho se puede especular sobre lo que habría podido pasar en otro escenario interno. También es cierto que el peso de España en la Unión Europea no pasa por su mejor momento desde hace algunos años. La ausencia en puestos clave de personalidades españolas es clamorosa en muchos casos, como en el del Banco Central Europeo (BCE) o en el mismo Parlamento, donde siempre se había tenido una influencia más que notable. Diríamos que la capacidad de incidir en las decisiones comunitarias está hoy muy por debajo del peso económico y demográfico que le corresponde a España. Este factor también debería tenerse en cuenta. De la misma manera que la débil posición del actual comisario español, Miguel Arias Cañete, envuelto en más de un escándalo, está muy lejos de la que tuvo Joaquín Almunia desde la vicepresidencia económica.
La candidatura de Barcelona ha acumulado, en definitiva, demasiados obstáculos, tanto en el orden interno como en el externo. Más allá de tirarse los platos a la cabeza, el hecho de no pasar ni tan solo a la segunda vuelta debería llevar a una cierta reflexión que no debería estar exenta de autocrítica de las diversas administraciones implicadas, que no han sabido o podido contrarrestar el cúmulo de adversidades. 
 

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