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Política educativa

Primer día de clase en la escuela Warner de Santa Coloma de Gramenet, el pasado septiembre..

RICARD CUGAT

Garantizar los derechos de los niños en tiempos convulsos

Conxi Martínez

La única doctrina exigible a la inmensa red de maestros, asociaciones y entidades que luchan por garantizar los derechos de los niños es la de formar ciudadanos más exigentes, más críticos y más libres

Este lunes 20 de noviembre se conmemora la aprobación por parte de las Naciones Unidas de la Declaración de los Derechos del Niño (1959) y de la Convención de los Derechos del Niño (1989).Esta Convención sobre los derechos del niño es uno de los tratados más refrendados del mundo, ratificado por 193 estados, prácticamente todos los miembros de las Naciones Unidas. Los derechos de los niños son inalienables, irrenunciables, innatos e imprescindibles para una buena infancia. Todo niño es, por tanto, titular de derechos fundamentales como el derecho a la vida, a su nombre y a su identidad, a ser educado por sus padres en el marco de una familia, derecho a ser protegidos de abusos, derecho a la educación y, también, entre otros, derecho a la libertad de opinión, expresión, pensamiento, conciencia y religión y asociación.

Si estos derechos son recogidos en la Convención de los Derechos del Niño, ¿es admisible que en tiempos de intenso debate político y social se usen como arma arrojadiza entre acusaciones de manipulación? No podemos olvidar ni dejar pasar la oportunidad para denunciar que todavía hoy, en nuestro país, medio millón de niños -uno de cada tres- vive por debajo del umbral de la pobreza. Nuestra responsabilidad es poner en alerta estas situaciones de injusticia social que atentan directamente contra algunos de los derechos recogidos en la Convención.

Derecho a expresarse

Los otros debates interesados ​​son oportunistas y desvían la atención sobre problemas profundos. Desde la Fedaia asistimos con preocupación al debate determinado por ciertos sectores que denuncian a maestros, detienen a profesores o acusan a la escuela catalana de manipulaciones. En este sentido, sin la necesidad de tomar partido políticamente, debemos recordar que los niños y niñas tienen derecho a la información y tienen derecho a manifestar y expresar su opinión, libremente. Y que, entre los deberes de los padres y de las madres, está el de educar a sus hijos e hijas en los valores de la democracia, la participación y la justicia.

Son tiempos convulsos, con debates encendidos y situaciones excepcionales que, de una manera u otra, llegan a todas las capas de la sociedad, también a nuestros niños. Dejemos que los niños sean niños, que hagan preguntas y obtengan respuestas, que tomen conciencia, que opinen sobre lo que pasa y renunciamos a manipulaciones y acusaciones de adoctrinamiento. La única doctrina exigible a la inmensa red de maestros, asociaciones y entidades que luchan por garantizar los derechos de los niños es la de formar ciudadanos más exigentes, más críticos y más libres.

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