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Los sábados, ciencia

Mis cinco proteínas favoritas

Manel Esteller

Estas biomoléculas son clave, igual que los ácidos nucleicos, los lípidos, los azúcares y los compuestos inorgánicos

A hora que es tiempo de cocinar encuestas y hacer proyecciones numéricas, quisiera mencionar mi listado de proteínas favoritas. Todos tenemos derecho a ser un poco excéntricos. No las he seleccionado necesariamente por su importancia biológica ni exclusivamente por estar implicadas sus alteraciones en enfermedades. Es más bien una mezcla de razón y sentimiento, siendo este último, desgraciadamente, más que una parte más desordenada del primero. Las proteínas son biomoléculas clave en la vida, como también lo son los ácidos nucleicos, los lípidos, los azúcares y los compuestos inorgánicos. Pero las proteínas tengo que reconocer que tienen su gracia, con esta colección de ladrillos (aminoácidos) que la forman ordenándose tridimensionalmente en el espacio como un Exin Castillos o un Tente. Estas son las cinco que quisiera señalar, y explicarles sus aventuras.

1. La rodopsina. Es la piedra filosofal de la visión. Todo lo que toca lo transforma en oro. Esta proteína se encuentra en la retina, la prolongación de nuestro cerebro dentro del ojo, y se encarga de transformar la luz en señales. Se localiza en las células llamadas palillos y ayuda a transformar el impacto de los fotones de la luz en señales que nuestro sistema nervioso pueda entender. De la misma también forma parte uno de los derivados de la vitamina A, y por eso nuestra abuela nos decía que si no queríamos llevar gafas comiéramos más zanahoria. ¡Cómo echo de menos a las abuelas oftalmológicas! Mutaciones de la rodopsina se asocian a la retinosis pigmentaria, donde aparece degeneración de los fotorreceptores y los primeros síntomas son una menor capacidad de adaptarse a la oscuridad y una pérdida progresiva del campo visual. Con el doctor Borja Corcóstegui y su equipo del Institut de Microcirurgia Ocular (IMO) estudiamos la genética de las distrofias de la retina.

2. La proteína MECP2. Se trata de una proteína que como un imán magnético se une al ADN, pero no a todo. Lo hace especialmente en las zonas del mismo que llevan un acento químico llamado metilación. La MECP2 está más expresada en el cerebro y parece ser clave para la maduración de las neuronas. Su mutación está ligada a una enfermedad del desarrollo neurológico llamada Síndrome de Rett. Muchos grupos, entre ellos el nuestro, llevan años mirando maneras de devolver la actividad de MECP2 a las neuronas que tienen la proteína mutada. La tarea y el valor de los familiares de los pacientes afectados son dignos de orgullo para todos y son el estímulo de muchos investigadores.

3. La histona. En realidad son muchas proteínas: la histona H1, H2A, H2B, H3, H4... Pero si hablamos de ellas como un mismo negocio familiar, podemos decir que se encargan de empaquetar nuestro ADN. Recordemos que el ADN mide dos metros de largo en cada célula, y no está evidentemente tumbado, porque si no pareceríamos una mezcla de pez-globo y erizo. Pues las histonas hacen que el ADN se envuelva alrededor de ellas y controlan su expresión. Como decía la película, «la mano que mece la cuna es la mano que mueve el mundo».

4. La hemoglobina. Es la proteína que transporta el oxígeno dentro de los glóbulos rojos de la sangre, en cuya estructura encontramos átomos de hierro, y por eso la sangre tiene este color rojo característico y cuando la chupamos tiene este gustito característico a oxidado. Sus alteraciones provocan varios tipos de anemia y, por ejemplo, la hemoglobina S está presente en la anemia de células falciformes. También es importante para medir el azúcar en la sangre, ya que si antes se hacía mirándolo directamente, ahora se hace principalmente determinando la hemoglobina glicosilada que encontraremos aumentada en la diabetes.

5. Y la diabetes también me lleva a la última proteína: la insulina. Se trata de una proteína con función hormonal: es secretada por un órgano (las células beta de los islotes de Langerhans del páncreas) y hace su misión (promover la captación de glucosa) a distancia desplazándose por la sangre. Su enemiga mortal es otra hormona, el glucagón. Si la glucosa no puede entrar en las células se acumula en la sangre y puede causar problemas graves, por eso los diabéticos toman insulina. Y eso lo agradecen sus hígados y músculos.

Me disculpo de todo corazón con todas las demás proteínas legítimas que no he podido mencionar por los límites del espacio asignado, pero también con sus hijas ilegítimas, como una derivada de la hemoglobina: la bilirrubina. Y es que incluso en ellas hay música, como diría la canción: «Ay, me sube la bilirrubina, Cuando te miro y no me miras...». Sean felices. 

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