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La estrategia del resentimiento

Joaquim Coll

La autocrítica no es una buena estrategia en una campaña en la que el separatismo tendría que rendir cuentas por su monumental fracaso

En los últimos días hemos escuchado en boca de no pocos dirigentes separatistas algo de autocrítica, reconociendo que el destituido Govern no estaba preparado para materializar la DUI (Clara Ponsatí y Albert Sabrià) o que esta fue meramente simbólica (Carme Forcadell), y aceptando que si Catalunya no es independiente es porque no hay mayoría social (Joan Tardà y Artur Mas).

Lo lógico es que del arrepentimiento se pasara ahora a pedir un poco de perdón por el inmenso daño causado al conjunto de la sociedad catalana y por haber engañado a sus votantes explicándoles solo la épica del 'procés' en lugar de la cruda realidad (como reconoció Toni Comín). Pero muy poco ha durado este tímido examen de conciencia. ¡Basta ya de autocrítica!, exclamó la republicana Marta Rovira en RAC-1, haciéndose eco de lo que le habían transmitido los 'exconsellers' encarcelados, molestos, dijo, por un exceso de reproches. 

Evidentemente la razón de este giro es que la autocrítica no es una buena estrategia para sortear una campaña en la que el separatismo tendría que rendir cuentas por su monumental fracaso y explicar qué piensa hacer diferente de lo que ha hecho hasta ahora en caso de ganar las elecciones. Afrontar ambas cosas con sinceridad es imposible sin asumir el riesgo de una importante desmovilización de su parroquia el 21-D. Como alternativa es mucho mejor cultivar el resentimiento y acusar al Estado español de tener planificada una "violencia extrema" en caso de que el Govern hubiera intentado materializar la DUI el 27 de octubre.

Lo dijo por primera vez Carles Puigdemont desde Bruselas, en la rueda prensa que ofreció tras su huida. Y poco a poco se ha ido imponiendo como relato exculpatorio del fiasco independentista. Rovira ha elevado hasta el delirio integrista esa vaga acusación, sin ninguna prueba, hablando de "muertos en la calle", "uso de armas de fuego" e "intervención del Ejército", regado todo eso con el cariñoso calificativo para España de "Estado fascista y violento". Ante este ogro como enemigo y con 10 personas en la cárcel, al independentista de corazón le va a costar entender por qué razón ERC no ha querido participar en la lista de Puigdemont. 

Lenguaje mágico

Para tapar su fracaso no solo agitan el resentimiento, también necesitan recurrir al lenguaje mágico para perpetrar un nuevo engaño. "La independencia ya ha sido declarada, ahora se trata de hacer República, de estar en la República", dicen tanto Rovira como Tardà. Algo parecido promete el nuevo cabeza de lista de la CUPCarles Riera, que se presenta para "desplegar inmediatamente la República".

Así pues, aunque en los programa electorales tanto de ERC como de Junts per Catalunya/PDECat la unilateralidad va a desaparecer y la independencia se queda sin fecha en el calendario, la palabrería electoral va a seguir instalada en la radicalidad y la ficción, no sea que haya un revolcón constitucionalista el 21-D. Se trata de que sus crédulos votantes sigan instalados en un mundo paralelo, y si mañana les piden explicaciones alegarán que su República catalana era tan real como la mágica Navidad.

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