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Análisis

Los ’exconsellers’, este jueves a su llegada a la Audiencia Nacional para declarar ante la jueza Carmen Lamela.

JUAN MANUEL PRATS

Acción mutante

Carmen Juan

El fin del 'procés' es un estrepitoso fracaso «que nos ha llevado de la preindependencia a la preautonomía», en definición de Santi Vila


Asumir la realidad es un primer paso para salir de la depresión posprocés y a eso se afanan sus líderes políticos, conscientes de que queda poco tiempo para rearmar fuerzas, bastante menguadas tras la huida belga, el encarcelamiento de los Jordis y medio Govern y el reconocimiento de Carme Forcadell de que la DUI fue simbólica. 

El independentismo ha empezado su acción mutante, con ERC demostrando una capacidad asombrosa de regeneración. Con Junqueras escribiendo cartas y tuiteando sobre buenos y malos, han armado un discurso consistente en: «Se declaró la independencia, se proclamó la república, pero esa república no se implementó y la razón fundamental es que no estábamos predispuestos a poner en riesgo la seguridad de los ciudadanos».


Y segundo, «Catalunya aún no es independiente porque no ha existido una mayoría de catalanes que así lo hubiesen querido». Así lo ha dicho Joan Tardà, enmendando la plana a todos los que han reconocido que no estaban preparados para la independencia unilateral, y de paso afeando a los ciudadanos no haber sido suficientes para sostener el proyecto.

La acción mutante ha empezado a centrifugar responsabilidades y obviando cualquier autocrítica, no se fueran a hacer daño. La estrategia de ERC ha seguido con una carta enviada por Oriol Junqueras desde la cárcel, coincidiendo con la visita de Marta Rovira a los huidos en Bruselas. El líder de ERC, capaz de mutar en función de las circunstancias, impone una lista propia a la vez que habla de un frente político común. Lidera una lista con vocación transversal mientras dice «alto y claro que, en estas elecciones, nuestro candidato también es el presidente legítimo, Carles Puigdemont».Ofrece a Puigdemont y a su lista ir «absolutamente coordinados» mientras suelta un «va siendo hora de que en este país una mujer esté al frente».

Mientras muchos aún intentan descifrar la carta de JunquerasPablo Iglesias la aplaude como un síntoma de la mutación del procesismo en una reivindicación progresista de izquierdas. ERC encabeza las encuestas del 21-D, no es ninguna sorpresa, y tampoco lo es que Ada Colau aspira a ser la fuerza clave en el nuevo Parlament, como demuestra el giro patada que le ha dado al PSC en el Ayuntamiento de Barcelona en una pirueta demagógica vendida como ejercicio de superioridad moral.

Debate monotemático

El fin del procés es un estrepitoso fracaso, «que nos ha llevado de la preindependencia a la preautonomía» –en definición de Santi Vila– pero con una ciudadanía aún muy movilizada y dispuesta a perdonar y justificarlo todo, exhibiendo más moral que el Alcoyano, dejan muy tocado, aunque no hundido, el debate territorial monotemático de estos últimos años. La demoscopia en las próximas elecciones catalanas es casi hacer videncia, tan estresante como redactar los programas electorales de las fuerzas independentistas, pero parece que, muy lentamente, mutamos hacia un nuevo frente izquierda-derecha, capaz de sobrevivir en un ecosistema político que sigue profundamente contaminado.