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Las venas abiertas de Venezuela

Cristina Manzano

Era ya un clásico de la literatura política latinoamericana, pero cuando Hugo Chávez regaló a Barack Obama un ejemplar de 'Las venas abiertas de América Latina', de Eduardo Galeano, su fama traspasó las fronteras de la región. Esta obra de juventud del escritor uruguayo, que fue y sigue siendo un referente para la izquierda, es el máximo exponente de la llamada "teoría de la dependencia": simplificando, aquella que achaca la culpa de todos los males que acechan al continente a la acción de terceros, ya fuera el colonialismo español o portugués, primero, o el imperialismo estadounidense, después.

Cualquiera que haya visto la estupenda entrevista de Jordi Évole al presidente venezolano, Nicolás Maduro, habrá constatado que es un fiel seguidor de dicha teoría. Todos los problemas del país tienen su origen, o su agravamiento, en la "guerra económica" que opositores, empresarios y Estados Unidos libran contra Venezuela desde hace cuatro años. Qué casualidad. Justo los que él lleva en el poder.

Poco o nada habrán tenido que ver él y su Gobierno en una caída del PIB entre 2012 y 2017 en torno al 36% -una de las mayores en la historia económica reciente en una situación de no guerra-; ni en una inflación prevista para 2017 superior al 700%. La falta de ahorro y de inversión tras un amplio periodo de boom petrolero, y una serie de malas decisiones de política económica -entre ellas la rigidez en el control de cambios y precios- explican en buena medida esta dramática situación.

Pero el cúmulo de malas noticias parece no tener fin para Maduro. A las sanciones impuestas por Estados Unidos -por la involución democrática del régimen, sobre todo tras la puesta en marcha de la Asamblea Constituyente- se ha sumado la incapacidad del Estado para asumir sus compromisos financieros. A principios de noviembre, el presidente venezolano anunciaba una reestructuración de la deuda, con el fantasma del 'default' flotando en el aire.

Inversores internacionales

A nadie le interesa, sin embargo, la quiebra del país; para empezar, porque una parte importante de dicha deuda está en manos de inversores internacionales y de fondos norteamericanos. Habrá que esperar aún unas horas para conocer el resultado de la reunión entre el Gobierno venezolano y sus acreedores del lunes por la tarde, pero algunos analistas consideran que la apuesta de Maduro es ligar la flexibilización de las sanciones a la refinanciación de la deuda, mitigando los daños en todos los campos.

Mucho menos parecen importarle al heredero de Chávez las sanciones aprobadas hoy por la Unión Europea: embargo de armas y de material que pueda ser utilizado en la represión interna y (potenciales) sanciones contra aquellos que han cometido violaciones contra los derechos humanos. Potenciales, porque aún no hay ningún nombre en la lista.

Pero mientras inversores y Gobierno tratan de llegar a algún acuerdo, los venezolanos de a pie seguirán haciendo colas interminables para hacerse con las provisiones más básicas. Es sin duda un insulto a la dignidad de los ciudadanos del país con las mayores reservas de petróleo del mundo.

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