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Rajoy y el fantasma de la mayoría silenciosa

Antón Losada

Al presidente del Gobierno y a Puigdemont les viene bien que las elecciones del 21-D vuelvan a plantearse como otro épico duelo entre esos dos seres míticos y majestuosos

Aclamado por fin como el gran estratega que es, ensalzado por los mismos que llevan décadas caricaturizándolo como ese típico señorito de provincias paralizado ante las complejidades y las urgencias de la gran capital, Mariano Rajoy puso pie en Barcelona para desarrollar sin complejos la línea maestra de la estrategia electoral Popular ante el 21-D: presentar la aplicación del 155 como el momento más brillante de una impecable hoja de servicios a España Catalunya, mientras los demás sólo eran capaces de proveer caos y desconcierto.  

Tanto quieren los populares abjurar del radicalismo y arrogarse la franquicia del 'seny' que, igual que los líderes soberanistas tienen que empezar sus intervenciones pidiendo perdón por haberse lanzado a proclamar que las empresas se pegarían por venir, Rajoy, el Gobierno y el PP invierten su buen tiempo en pedir que vuelvan a las mismas empresas que tanto animaron a marcharse, o en recordarle a los españoles que boicotear productos catalanes ya no tiene gracia, ni es un acto de patriotismo. 

Opinión exprés

¿Qué se pensaban?

Andreu Pujol Mas

Historiador

Respaldo del Gobierno

En un momento de descarnada sinceridad, el presidente Rajoy desveló hasta lo más inconfesable al asegurarle al candidato Albiol que tenía "todo el respaldo del Gobierno de España". Por si a alguien le quedaba alguna duda sobre cómo, en el PP, hace tiempo que han resuelto el problema de confundir el partido y el Gobierno: lo mejor para todos es que ellos sean siempre el Gobierno y el interés del Estado siempre coincida con el interés del PP; Catalunya es la prueba definitiva.

Al día siguiente de que el soberanismo volviera a abarrotar sin esfuerzo las  calles de BarcelonaMariano Rajoy invocó al fantasma de esa mayoría silenciosa a quien nadie ha visto pero de la cual todo el mundo habla, se apropia y reclama representar. No deja de resultar sintomático que sean los líderes de dos partidos de gobierno con vocación mayoritaria, pero hoy reducidos a competir por ser quintos o sextos en la carrera electoral, quienes más se arrogan el incalculable respaldo de grandes artefactos retóricos como sustitutivo del apoyo cuantificable de esos millones de votos que no tienen.

Necesidad electoral

Rajoy y el PP invocan a la mayoría silenciosa y Carles Puigdemont y el PDECat convocan al pueblo catalán. A ambos les viene bien que las elecciones del 21-D vuelvan a plantearse como otro épico duelo entre esos dos seres míticos y majestuosos: el pueblo catalán frente a la mayoría silenciosa; solo puede quedar uno. Una estrategia que les permite no perder nunca las elecciones y tener siempre razón porque suman a su favor a quienes les votan, a quienes no votan y a quienes simplemente están de viaje.

A ambos presidentes y sus partidos les apremia la misma necesidad electoral de no perder. Los antiguos convergentes se juegan su supervivencia como organización. Rajoy y el PP no pueden permitirse que una década de esfuerzo invertido en rentabilizar cuanto sucedía en Catalunya acabe resultando el negocio de su vida para Albert Rivera.

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