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¿Qué se pensaban?

Andreu Pujol Mas

El 21-D habrá elecciones, las puede volver a ganar el independentismo, y la única forma de que esto no sea así es que deje de haber elecciones o prohibiendo ideas

La manifestación del sábado, que llenó la calle Marina de Barcelona, volvió a mostrar la cara más potente del independentismo. Cientos de miles de lucecitas fueron un mensaje de esperanza contra la resignación y a favor de la tenacidad, a pesar de los tropiezos e injusticias. Y, a pesar de la indignación evidente y de la sensación de estar sufriendo abusos flagrantes, todo transcurrió con la calma de siempre, con el civismo de siempre. 

Astrid Barrio

Profesora de Ciencia Política (UV).

La serenidad de las razones siempre se sobrepone al griterío y a los aspavientos. Quien pensó que esta causa se desvanecería encarcelando a sus líderes sociales y políticos demostró no entender que la democracia funciona de abajo hacia arriba y que guillotina no es un método útil para pararla: cortarle la cabeza no sirve de nada. Quien pensó que era posible deshacer la mayoría catalana secuestrando las instituciones y desmontando el Parlament, no captó que España no podrá ganar esta batalla si no es renunciando definitivamente a su pátina democrática: el día 21 de diciembre habrá unas elecciones, las puede volver a ganar el independentismo y la única forma de que esto no sea así es que deje de haber elecciones o prohibiendo ideas.

Democracia y argumentos

Cuando empiece la campaña electoral y el independentismo haya dejado al lado el absurdo debate del número de listas –que solo aporta tensiones y mal rollo- todo el mundo tendrá que ofrecer argumentos. Es así como se ganan las batallas en democracia, y todavía hoy no hemos escuchado ni una sola explicación que nos venda el proyecto español como algo que entusiasme. De momento solo se nos ha ofrecido el miedo de la amenaza y las presiones, el abuso autoritario y el augurio catastrofista.

¿Qué se pensaban los que optaron por la tierra quemada? Han recogido movilización masiva y lo más probable es que se encuentren, también, con una derrota electoral dentro de unas semanas. Quién sabe si así entenderán que deben procurarse los mejores equipos de campaña y no los peores jueces.

    

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