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EDITORIAL

Ada Colau con el socialista Jaume Collboni y, detrás, el republicano Alfred Bosch.

RICARD CUGAT

El incierto volantazo de Colau

Los comunes pierden la equidistancia a pocas semanas de las decisivas elecciones catalanas

La decisión de las bases de BCN en Comú de romper el pacto de gobierno en la capital catalana con el PSC es un punto de inflexión en la trayectoria de Ada Colau y, tal vez, un punto de no retorno. En el acuerdo con Jaume Collboni se dejó desde el primer momento bien claro que su contenido quedaba al margen de la cuestión nacional catalana. Por ello, cuesta entender que la alcaldesa sometiese a consulta de las bases de su partido la continuidad del mismo por el apoyo socialista a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Y que, lejos de defenderla, el sábado alentase su ruptura. Un debate entre las bases saldado por una diferencia de apenas 300 votos, con una participación del 40% de los inscritos. Resultado que, con una implicación más activa de Colau en el debate explicando las consecuencias de la ruptura y el balance positivo del acuerdo hasta ahora,  hubiera podido arrojar distinto signo. 

La decisión de los comunes consagra definitivamente el volantazo desde posiciones estrictamente soberanistas —defensa de un referéndum efectivo, y por tanto pactado— hacia postulados independentistas, como ya se intuyó cuando acordaron participar en el referéndum ilegal del 1-O. Veremos qué impacto tiene este viraje el 21-D, cuando la confluencia de izquierdas se presentará por primera vez bajo la hegemonía del grupo de Colau.  Se desdibuja, en todo caso, la línea equidistante  que la había caracterizado. 

El riesgo de la inestabilidad

De momento, la factura la pagarán los barcelonenes, todos, y el propio gobierno municipal. El equipo de BCN en Comú queda ahora a merced del apoyo de los independentistas, PDECat, ERC y la CUP. El camino emprendido por estas tres fuerzas hace temer que la inestabilidad llegará al otro lado de la plaza Sant Jaume, y el probable intento de poner la ciudad al servicio de la agitación independentista y el enfrentamiento con el Estado. Justo lo contrario de lo que necesita Barcelona para superar el severo impacto que en su economía y su convivencia ha tenido el desafío independentista

No es extraño, pues, que el giro de BCN en Comú cause preocupación no solo entre muchos ciudadanos , sino en muchas empresas y en el sector comercial. Aún más cuando la consecuencia inmediata es la pérdida de su interlocutor en el consistorio, Collboni, consagrado este último año a tejer unos puentes que ahora pueden haberse roto definitivamente.