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Memorias del 'procés'

La verdad, en un libro

Josep Maria Pou

Alguien, con vocación de premio Planeta, está recopilando el material necesario para ese tomo de mil y pico páginas que explicará lo que está pasando


Alguien, en algún rincón, a salvo de polvo y paja, está escribiendo ya, estoy seguro, la crónica novelada de estos días (¿históricos? ¿decisivos? ¿felices? ¿convulsos? ¿crispados? ¿accidentados?; señale cada uno la casilla que prefiera). Alguien, con vocación de premio Planeta, está recopilando el material necesario para ese tomo de mil y pico páginas que seguramente devoraremos con fruición dentro de tres o cuatro años, a lo sumo. 

Es posible que entonces, página a página, sepamos de una vez todo aquello que ahora se nos oculta. Aunque es posible, también, que haya que esperar, por ley, a la consabida «desclasificación de documentos» con la consecuente frustración (véase lo sucedido estos días con todo lo que se refiere al asesinato de John F. Kennedy), porque ya sabemos que, en lo tocante a la política, «todo» quiere decir «casi todo», la luz (como en el tango) se hace solo a medias, y la verdad aparece, las más de las veces, en forma de criptograma.

Aun así confío en que el tiempo y el empeño de cada uno consigan descifrar lo que ahora no son sino movimientos velados tras la cortina y ajetreo de idas (sin venidas), que más parecen de vodevil que de tragedia. Es posible que entonces algún ingenuo abra los ojos como platos ante unas verdades como puños. La memoria, que es muy lista y siempre oportuna, me trae ahora a la cabeza aquellos versos de Joan Manel Serrat: «Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio».

Espero, pues, con impaciencia, tener ese libro en las manos. Digo libro y pienso tambien en otros formatos posibles . ¿Se imaginan el relato de estos días convertido en película tipo Todos los hombres del presidente, o en obra de teatro tipo Incendios, o en serie de televisión tipo Borgen o Yes, Minister?

Ah, por cierto, si alguien, impaciente, descubre en los estantes de alguna librería títulos como El viaje a ninguna parte (de Fernando Fernán Gómez), El mejor alcalde, el Rey (de Lope de Vega), o En Flandes se ha puesto el sol (de Eduardo Marquina) que no se lleve a engaño: ninguno de los tres títulos tiene nada que ver con lo que pasa. 
 

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