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Al contrataque

Era solo un niño cuando una tarde volvía a casa y, al pasar al lado de una mochila, le dio una patada. ETA había colocado una bomba dentro


Hay amores invencibles. Que traspasan incluso la vida tras la muerte. Amores como el de Pilar con Javi. Ella estaba allí cuando todo empezó a ir mal. Cuando se enteró de que Javi se había enganchado a la maldita heroína con solo 14 años. Esta madre estuvo también cuando parecía que aquello tenía solución. Y cuando se dio cuenta de que no podía hacer nada. De que su Javi y otros tantos eran zombis deambulando por su humilde barrio de Madrid cuando la droga empezó a entrar en nuestro país en los años 80.

Isabel también vivió esos años con angustia desde Córdoba. A sus setenta y tantos recuerda los días de lucha contra el franquismo en la cárcel. Y mira a sus nietas mayores con dulzura mientras cuenta cómo fue su condena por el Tribunal de Orden Público por defender sus ideas. Como Antoni, que aún en el 79 era considerado un peligro social por ser gay. Años antes, cuando era un crío le había contado a su madre que le gustaban los chicos, y ella, creyendo que debía curarle, se lo contó a una monja amiga de la familia. Aquella mujer hizo que le detuvieran. Pasó un tiempo en prisión en su València natal y tuvieron que pasar décadas hasta que se convirtió en el primer homosexual indemnizado por el Estado por aquel calvario.

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Victoria nació en 1984. Fue la primera niña probeta de nuestro país. Sus padres, Ricard Dolors, no podían tener hijos. Se pusieron en manos del equipo médico del Instituto Universitario Dexeus de Barcelona y se obró el milagro laico. Anna Veiga, bióloga y experta en reproducción asistida, estaba allí cuando Victoria nació. Y cuenta cómo aquel llanto de vida regaló a muchas otras parejas una esperanza médica inédita en nuestro país hasta entonces.

Una mochila criminal

En aquellos días, y lejos de aquel lugar, Alberto se recuperaba de las terribles heridas provocadas por ETA en 1982. Era solo un niño cuando una tarde de ese verano volvía a casa y, al pasar al lado de una mochila, le dio una patada. La banda terrorista había colocado una bomba dentro. Perdió una pierna, la audición y la vista en uno de sus ojos. Cuando su madre escuchó la explosión en su casa de Rentería (Guipúzcoa) no podía imaginar que se trataba de su Alberto. Pero enseguida fueron a buscarla. Pasó noches y días pegada a la cama del hospital. Ella estaba allí cuando tuvieron que contarle que no volvería a caminar como el resto de niños. A pesar del dolor, la madre construyó el relato lleno de belleza leyéndole La isla del Tesoro. Hoy Alberto es un hombre adulto. Y ha cerrado muchas heridas y ha abierto un camino de dignidad alejado del odio y del rencor. 

Alberto, Pilar, Antoni, Victoria, Isabel…, tantas mujeres y hombres que han construido nuestro país en estas cuatro décadas tan recientes y tan lejanas. Y tú…, ¿dónde estabas entonces?  
 

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