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Geometría variable

Iceta contra la deriva 'agitacionista'

Joan Tapia

El PSC incorpora a antiguos 'consellers' durante los gobiernos de CDC y Mas

Junts pel Sí (JxS) fue la primera fuerza en el 2015 y eligió a la CUP para llegar a la mayoría absoluta y poder gobernar. Tenía legitimidad para ello, pero no para violar el Estatut, la Constitución y poner rumbo a la independencia. Lo de ahora es peor. Ya se ha visto que -contra lo prometido- no ya la independencia sino solo el lío previo hace huir a bancos y empresas y que no ha habido ni un mísero reconocimiento internacional. Sería para meditarlo.

Pero no. Desde Bruselas Puigdemont dice que España es un estado fascista, lo liga con el fascismo que fusiló a Companys y añade que está activo «con impunidad total» en las manifestaciones de Barcelona. Y reprocha a los presidentes del Parlamento europeo y la Comisión complicidad con el «golpe de estado» de Rajoy. ¡Señor Puigdemont, basta ya! Deje de exagerar, desacreditar al independentismo y herir a muchos ciudadanos –no separatistas– que también tienen todo el derecho a manifestarse. 

Mala imagen

Es lógico que muchos catalanes protesten contra el encarcelamiento de los exconsellers. Pero es condenable que un sindicato minoritario -con el apoyo de la ANC pero contra UGT y CCOO- convoque un paro de país en el que todo el mundo va a trabajar pero muchos llegan tarde por el corte salvaje de calles, carreteras o vías del AVE. Así Catalunya va a las rocas y la imagen de Barcelona -en la que tanto y tantos han invertido-se degrada día a día. Lo último ha sido que los premios Ondas se van a Sevilla. Y no culpen a la SER porque se crearon en Barcelona en 1954 y aquí los ha mantenido 63 años.

La deriva agitacionista del separatismo es ya una seria amenaza para el futuro. Por eso es esencial que en el 21-D haya alternativas fieles al catalanismo que construyó la Generalitat y la Barcelona de los JJOO. 
La iniciativa de Miquel Iceta de abrir las candidaturas del PSC a otras tendencias de la tercera vía -ni estatu quo ni inmovilismo- es inteligente y realista. Que el PSC trabaje con democristianos, como Ramon Espadaler y otros, que fueron consellers de Jordi Pujol y de Artur Mas, enriquece la apuesta para el futuro inmediato en el que habrá que reconstruir e incrementar la autonomía, negociar duro -pero sin romper- con Madrid, y generar la suficiente confianza para hacer reversible la huida de empresas y evitar la ruina económica.

Y sería bueno -creo que se intenta- que también hubiera personas de ICV que trabajaron con Maragall, Clos y Hereu para hacer de Barcelona una gran capital europea. 

Entre el independentismo, que creció por la oposición del PP -y de otros- a un Estatut pactado, y la reacción contraria, legitimada por la estulticia de querer encarnar a Catalunya con el 47,8% y tratando al 52,2% restante de «botifler», es conveniente que el catalanismo razonable, que sabe que Catalunya está en España y a través de ella en Europa, se plante como una tercera fuerza capaz de condicionar y reconducir a las otras dos. La prioridad es que el nacionalismo catalán y el español no tengan tal exceso de sal que hagan el plato incomestible. 

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