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Geometría variable

¿Cuánto costarán las orejas del lobo?

Joan Tapia

El 21-D chocarán los sentimientos con la sensible pérdida de pulso económico


El voto nacionalista está bastante dopado por los sentimientos y por la sensación de agravio ante actitudes –muchas veces ciertamente difíciles de entender– del Gobierno central y del aparato del Estado. Por eso la prisión sin fianza, pedida y obtenida por la fiscalía, con poca base jurídica e ignorancia política supina, contra el Gobierno catalán, va a movilizar al independentismo. Por eso, aunque la posibilidad de una lista unitaria por la que combate el PDECat (consciente de haber tirado por la borda gran parte de su personalidad) es poco alta –hoy saldremos de dudas–, el separatismo está ahora más fuerte que cuando Rajoy convocó elecciones.

Pero el resultado es incierto. Todas las encuestas vaticinan –aparte de que el grueso de los votos de JxS tenderá más a ERC que a la antigua CDC– unos resultados similares a los del 2015. Con una tendencia a la baja –e cierta entidad– de la CUP y otra al alza del PSC –fortalecido por la mayor irradiación de Miquel Iceta– y de Ciudadanos. 

Por otra parte, si el sentimiento favorece al separatismo, el balance de situación le es desfavorable. La huida de las sedes sociales de las empresas se percibirá a medio plazo, pero la pérdida de glamour del destino Barcelona y la inseguridad sobre el futuro ya han propiciado una sensible caída del turismo y del consumo de las familias que fuentes de la máxima solvencia sitúan en torno al 20%. El Banco de España y la prestigiosa Airef dicen que el PIB español caerá por el conflicto y que, si la inestabilidad se alarga, Catalunya puede bordear la recesión en el 2018.

Pero ya se está notando la caída de la actividad y el frenazo a los proyectos. Octubre no es un buen mes y el paro ha aumentado en toda España el 1,67% respecto a septiembre. Tiene lógica por el fin de la temporada turística, pero lo que es más preocupante es que el paro haya crecido en Catalunya el doble que en España, un 3,67%. Y que los nuevos contratos, según la afiliación a la Seguridad Social, hayan sido aquí solo 1.702 (un 0,05% de aumento) frente a 94.368 (un 0,51%) en toda España y porcentajes superiores al 1% en Madrid, València (2,18%), Andalucía y Canarias. 

Y los ciudadanos ya empiezan a verle las orejas al lobo. El 67% de los catalanes cree (contra el 29%), según la muy reciente encuesta de GAD3, que la economía se está resintiendo del conflicto independentista. Y, más relevante, el 58% (contra el 27%) cree que Catalunya ha salido perdiendo en los cinco años de procés.

La razón práctica

El 21-D será reñido. La prisión de los exconsellers revigorizará el orgullo nacionalista, alicaído por el ridículo de la independencia, proclamada pero fallida. Pero la economía tenderá a que la razón práctica pese más que el sentimiento. En la predemocracia Joaquim Arana, un político leridano-andorrano procesado por el Tribunal de Orden Público, fallecido hace años, me dijo en otro contexto: los catalanes tienen el corazón a la izquierda, pero la cartera a la derecha, son de centro. Pues eso, a ver quién inspira más confianza el 21-D.
 

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