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Al contrataque

¿Hacia dónde miramos?

Jordi Évole

A veces hay que dejar de lado la comercialidad y pensar en el compromiso

Última semana de agosto. Primera reunión del equipo tras las vacaciones. Todos volvíamos bajo el 'shock' de los atentados de la Rambla y Cambrils. Hubo unanimidad: hay que empezar la temporada hablando de esto. Hay que ir donde el autodenominado Estado Islámico (cada vez le queda menos de Estado) ha impuesto su ley, donde tienen el poder. Donde atentan a diario, y no como aquí, que lo hacen de vez en cuando, aunque cuando lo hacen quedamos completamente consternados.

Así decidimos viajar a Mosul (penúltima capital de DAESH en Irak) y a Raqqa (última gran capital que han tenido en Siria). Era seguramente nuestro viaje más arriesgado en 10 años de historia del programa. Nuestra primera vez en la guerra, nosotros que no somos ni Gervasio Sánchez, ni Ramón Lobo, ni Pérez Reverte, ni Espinosa, ni García Vilanova, ni Marginedas, ni Pampliega. Nosotros éramos unos novatos en zona de conflicto. Pero para allí nos fuimos.

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Desde aquella primera reunión, hace apenas dos meses, parece que haya pasado una vida. Y que de los atentados y de la célula de Ripoll ya no se acuerde nadie. Ahora todo lo monopoliza la situación de Catalunya, y no digo que no sea importante. De hecho reconozco que si Puigdemont nos hubiese dado una entrevista en Bruselas, levantaría el programa de Mosul y Raqqa. ¿Por qué? En teoría por su interés (aunque dudo que nos dijese nada nuevo). Y porque pocos temas como el procés son más eficaces ahora mismo en televisión. El procés es el gran reality show de la tele española y catalana. Ni Gran Hermano lo supera.

El 'procés' engancha a la audiencia

El procés da buenas audiencias, tiene trama, personajes bien dibujados, giros de guión inesperados, tensión narrativa y muchos episodios de vergüenza ajena. Igual falta algo de sexo, aunque la pornografía ya se han encargado de ponerla unos policías a las puertas de la Audiencia Nacional comentando de forma repugnante el encarcelamiento de Junqueras. El procés es comercial: su trama engancha a un público que consume episodios como quien se traga tres temporadas de Juego de tronos en un fin de semana.

Les aseguro que vale la pena conocer la vida de quienes han sufrido durante años la tiranía del Estado Islámico

Por eso esta semana mucha gente nos ha dicho: ¿Cómo es que no empezáis la temporada de Salvados hablando de Catalunya? Porque igual es momento también para que miremos hacia otras latitudes. Porque esta semana ni el atentado de Nueva York ha eclipsado a Catalunya. Porque les aseguro que vale la pena conocer la vida de quienes han sufrido durante años la tiranía del ISIS, porque caminando por Raqqa te encuentras a un español que combate a Daesh, porque vimos como en pleno corazón de Oriente Próximo se está produciendo la que seguramente es la revolución feminista más importante a nivel mundial, la de las mujeres del Kurdistán sirio, un ejemplo de coraje, de valentía, de lealtad, de dignidad. Porque todo eso que nos parece tan lejano no lo es tanto. Y porque a veces hay que dejar de lado la comercialidad y pensar en el compromiso que supone ejercer esta profesión. Aunque lo acabes haciendo porque Puigdemont no te da otra entrevista.

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