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GENTE CORRIENTE

Unai Canela: "Me llevo los apuntes a la montaña más alta, estudio y saco nota"

Atravesó siete continentes con su familia para observar siete animales salvajes. La naturaleza, dice, le enseña quién es.

Unai tenía 4 años cuando empezó a acompañar a su padre –el fotógrafo Andoni Canela– a avistar osos pardos en el Val d’Aran. A los 7, iba corriendo al cole, a dos kilómetros de su casa. Y a los 9, recorrió siete continentes en 15 meses en busca de siete animales salvajes (de esa aventura nació un documental, 'El viaje de Unai', que hoy inaugura el Festival Internacional de Cinema de Medi Ambient en CosmoCaixa). Ahora tiene 13 años, estudia 2º de ESO en Banyoles y se ha convertido en un adolescente fuera de lo común.

¿Demasiado civilizada Banyoles? [Sonríe] Yo me considero de Castellar de n'Hug (Berguedà), donde viví mis primeros tres años y adonde volvemos siempre que podemos. Es uno de mis sitios favoritos.

Kilian Jornet creció allí y los chicos se reían porque iba corriendo al instituto. ¿Le pasa? (...) Alguna vez, pero me da igual lo que piense la gente. Hace un par de semanas tenía un examen muy importante, cogí la guitarra y los apuntes y me fui a la montaña más alta que había. Estudié allí, viendo los ciervos, y saqué un 8.

¿Y la guitarra? Me gusta tocar y componer.

¿Qué estilo le va? El metal, aunque he escrito la letra de un rap. Escuché a Eminem y he leído que tenía una pasión que llevó adelante, como Kilian. Mi rap se titula 'Parálisis humana' y va sobre Trump, la violencia en España, el cambio climático... 
 

  


¿En qué le cambió la vuelta al mundo? No me ha cambiado mucho. La forma en que mis padres me enseñaron a ver el mundo desde pequeño es la misma que tras el viaje. Para mí ver un lobo en los Picos de Europa es tan mágico como ver un elefante en África. Caminas horas, esperas semanas, y de repente lo tienes delante. ¡Es alucinante!

¿A los 9 años estaba preparado para andar por selvas y desiertos? Sí, sí. Recuerdo que mi hermana Amaia y yo estábamos en la bañera –era verano– y mis padres nos dijeron que en septiembre nos íbamos un año y medio a dar la vuelta al mundo. ¡Era hacer un sueño realidad!

¿Escapar del cole era parte del sueño? Estar sentado en una silla y que el profesor explicara no era para mí. Yo prefería que mi madre me enseñara la fotosíntesis observando las plantas de la selva.

"Tenía el puma en la cabeza como quien tiene un yate. Para mí era la referencia de lo imposible"

Elija un momento de ese viaje. ¡Hay tantos! Quizá cuando vi el puma, en Torres del Paine, en la Patagonia chilena, después de tres semanas de levantarnos a las 4 de la mañana y volver de noche sin verlo. Es un animal que tenía como referencia de lo imposible, como quien tiene en la cabeza un yate o una mansión. 
 
Mientras esperaba al puma, ¿qué hacía? Charlar con mi padre, dibujar, hacer figuritas con el envoltorio de los 'mini babybel'.
 
¿Ni una queja por la incomodidad? Eso nunca. Pasábamos tres meses en cada lugar. Teníamos una base y a veces dormíamos en tiendas o encima del coche. No quería volver a casa.

¿Sigue teniendo tantas ganas de irse? Me iría ahora mismo a las montañas del Himalaya a ver el leopardo de las nieves –a mi padre le ronda un trabajo sobre grandes felinos–. Es mi nuevo sueño.

Para mis amigos la disco es la realidad, para mí lo real es la naturaleza

Mientras sueña, está cursando segundo de ESO. ¿Se adapta mejor ahora? No me siento desencajado, pero sé que mis compañeros ven el mundo con otros ojos. No tienen las ganas que tengo yo de salir del colegio y sacar fotos a los patos del lago o a los rebecos en el monte. En la escuela no puedo ser realmente yo. Soy más el que estudia en la cima de la montaña.

Tiene edad para ir de fiesta. Me agobia un poco. Para mis amigos una disco es la realidad, para mí lo real es la naturaleza. Ella me enseña quién soy.

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