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GEOMETRÍA VARIABLE

¿Quién es esta vez el agente provocador?

Joan Tapia

Las elecciones autonómicas del 21-D se han envenenado tras la orden de prisión para ocho 'exconsellers'

Hace 10 días en Catalunya flotaba un consenso. El artículo 155 no gustaba y la independencia de 72 escaños no era viable. La fractura social y la marcha de empresas angustiaban. El único remedio era el adelanto electoral.

Era tan así que hasta Carles Puigdemont estuvo a punto de decidirlo. Al final, Mariano Rajoy aplicó un 155 corto y con inmediatas elecciones. Se ganó un respeto. La suspensión de la autonomía –por primera vez desde Tarradellas– era un desastre, pero habría elecciones. Surgió una nubecilla de alivio social. ¿Era el mal menor? El separatismo no se movilizó y solo protestó de forma simbólica o grotesca (la fuga de Puigdemont a Bruselas con consellers de ida y vuelta). En la calle hubo tranquilidad, no exenta de tensión, y los partidos –todos– se prepararon para la convocatoria electoral. 

Habría que proponer hojas de ruta creíbles y explicar por qué la fractura social había llegado tan lejos y los bancos y las empresas huían. El independentismo no podía volver a proponer algo ya fracasado. O sí, y entonces perdería fuerza entre quienes piensan y dudan, que deben ser bastantes.

Pero la decisión del pasado jueves de la jueza Carmen Lamela de enviar a la cárcel a ocho consellers del Gobierno de Catalunya –destituidos sí, pero democráticamente elegidos– ha vuelto a trastocar todo. La misma noche volvieron las caceroladas, el viernes hubo cortes de calle y manifestaciones, se prepara una huelga para el próximo miércoles y una gran manifestación para el sábado 11. Los separatistas están irritados y muchos otros ciudadanos no aprueban la brutalidad. El delito no debe quedar impune, pero todo el mundo tiene derecho a la presunción de inocencia –el PP lo repite cada día– y a un juicio justo. Por eso la prisión provisional debe ser excepcional. Reina la consternación. La prueba es que no he oído a ningún político catalán –ni a Xavier García Albiol– aplaudir la medida.

La vuelta de la indignación

Ahora el independentismo ya no tendrá que explicar su gestión ni justificar sus mentiras ni sus fracasos. Volverá otra vez a lo que siempre le funciona: la indignación contra los excesos de Madrid. Haya o no lista unitaria secesionista, la campaña será más crispada y maniquea. Cierto que el pescado está ya muy vendido, pero a los separatistas desmovilizados les han regalado un elixir revitalizante. La abstención del separatista avergonzado será combatida con la irritación.

Y todo se podía evitar. La jueza es independiente y puede carecer –es evidente– de un mínimo de cultura política, pero la petición de prisión sin fianza es de la Fiscalía. Y el fiscal debe obedecer al Gobierno en asuntos de Estado (y Catalunya lo es). Caso contrario puede ser cesado. ¿Hay lío en la fiscalía pues en el Supremo –contra Forcadell– actúa de forma contraria a la de la Audiencia Nacional? ¿El fiscal no pinta nada o está abducido por el nacionalismo españolista? ¿Rajoy y Soraya piensan una cosa un día y la contraria la mañana siguiente? ¿Maza no obedece? 

Todo se ha envenado otra vez y hay inquietantes interrogantes sobre la identidad del agente provocador. Lo peor de lo peor.

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