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LA CLAVE

Romina Lozano, elegida miss Perú.

AFP

El grito de un concurso machista

Marta López

El vídeo de Miss Perú contra la violencia machista da la vuelta al mundo

Vaya por delante que los concursos de mises deberían haber desaparecido hace tiempo en vez de sobrevivir todavía como na especie en vías de extinción. Por sexistas, rancios y anacrónicos.  ¿Cuál es el sentido de ver a un grupo de mujeres disputarse la banda y la corona que las acredita como reinas de la belleza cuando ya hace décadas que la lucha es por la igualdad salarial, por sentarse en un consejo de administración o por llegar a la cúspide de la política?  

Cuando afortunadamente esos espectáculos están de capa caída, el de Miss Perú del domingo pasado ha dado la vuelta al mundo. Ha sido gracias a que sus 23 aspirantes, conminadas a proclamar sus medidas de pecho, cinturas y caderas,  aprovecharon, de forma concertada, para divulgar las cifras de la violencia machista en Perú.

Abrió el fuego Camila Canicoba:  «Mis medidas son 2.202 casos de feminicidio reportados en los últimos nueve años en mi país». Siguieron sus 22 compañeras, en una letanía que puso de manifiesto que la violencia de género es una pandemia en Perú y también en otros lugares de América Latina. «Mis medidas son…» y una a una, en un escenario inédito, expusieron los datos de los abusos, la explotación y malos tratos que sufren las mujeres y las niñas en su país.

Fenómeno viral

 El vídeo del programa se viralizó, siendo lo más visto en Perú y traspasando fronteras, con millones de descargas. Las chicas levantaron aplausos y también voces críticas de quienes ven la incoherencia de denunciar la violencia contra la mujer posando en bañador desde un concurso tan machista. Pero quizá ahí, en esa contradicción resida su valor, en que ese alegato llegue a una audiencia poco dada al debate sobre la violencia de género. 

Podemos entender o no las circunstancias y razones, que deben ser múltiples, que llevan a las mujeres a exhibirse en una pasarela  en la que se les toman las medidas y se desprecia el talento. Pero esas concursantes - más o menos bellas, más o menos listas, más o menos formadas, más o menos simpáticas- son en todo caso mejores que el concurso que las corona. 

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