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EL CONFLICTO CATALÁN

España y Catalunya recuerdan cada vez más a la Europa de 1914 que representaba el barco de 'E la nave va', la fascinante película de Federico Fellini; repleto de personajes vacíos y grandilocuentes

La pregunta es sencilla. ¿Qué mal habrían sufrido el Estado de derecho y las causas penales seguidas en la Audiencia Nacional (AN) contra los Jordis o el Govern destituido si, en lugar de un recurso extremo como la prisión preventiva, se hubiera optado por medidas cautelares más contenidas u otorgar unos días para que los investigados puedan defenderse mejor? La respuesta la dio el Tribunal Supremo (TS) acordando conceder una semana a los miembros de la Mesa y mandándoles a casa con vigilancia policial: ninguno. 

El imperio de la ley se puede defender de muchas maneras, no solo aquella que predican el Gobierno, el PP y la Fiscalía. Lo mismo vale para el Derecho Penal. ¿Cabe en el principio de intervención mínima que lo rige invocar una cascada de delitos a ver si alguno acaba calando a los acusados? La respuesta la vuelve a dar el Supremo con el auto donde admite la querella de la Fiscalía, recordándole que no ha incluido el único que tipo que sí encaja: la conspiración. Es la diferencia entre una AN hiperventilada, convencida de que su misión es castigar al culpable y un TS prudente, firme en la convicción de que su tarea consiste en proteger al inocente.

Resulta cínico emplear los tribunales para hacer política y luego invocar la separación de poderes. Han sido el Gobierno y la Fiscalía quienes han politizado la justicia al pretender utilizar el Derecho Penal, el territorio de los hechos y la pruebas, para gestionar la política, el territorio del conflicto y el compromiso. Los jueces de la AN también son responsables al haber abrazado el encargo iluminados, de nuevo, por la ilusión de su omnipotencia. La verdadera victima de esta politización se halla en una sociedad que asiste, dividida y asombrada, al espectáculo de decisiones judiciales tan extremas como opuestas invocando la misma ley, o escucha a responsables políticos prediciendo la cárcel para sus competidores.

Justicia ciega, pero no bruta

Está escrito que la Justicia ha de ser ciega, pero no que deba ser bruta. Los jueces también responden por las consecuencias de sus decisiones, la ley no les hace irresponsables. Hoy estamos peor que ayer. Cada día nos acercamos más a la paradoja surrealista de aplicar el 155 para convocar unas autonómicas, pero acabar celebrando un plebiscito sobre la independencia, la democracia, las libertades civiles y la amnistía; todo junto y revuelto. El 21-D, que parecía una puerta de salida, se está convirtiendo en otro callejón ciego, transitado por unos actores políticos que solo saben ofrecer otras elecciones donde los votantes no van a poder optar entre soluciones alternativas, únicamente escoger un bando. 

España y Catalunya recuerdan cada vez más a la Europa de 1914 que representaba el barco de 'E la nave va', la fascinante película de Federico Fellini; repleto de personajes vacíos y grandilocuentes, guiados por una lista interminable de agravios a vengar, mientras navegan hacia un naufragio tan teatral como desdichado que, esta vez, por supuesto, será transmitido en directo por la televisión.

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