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EN CLAVE EUROPEA

La reforma de la UE sin los ciudadanos

Eliseo Oliveras

Dos nuevos estudios muestran el descontento popular sobre cómo funciona la democracia en Europa

La propuesta de Macron de involucrar a la población en el debate europeo ha sido desestimada

Los líderes de la Unión Europea (UE) han fijado un programa para preparar una refundación de Europa ante la salida de Gran Bretaña, prevista para finales de marzo del 2019. La Agenda de los Líderes del presidente de la UE, Donald Tusk, fija 12 cumbres desde este 17 de noviembre a junio del 2019 y abarca desde la Europa social a la defensa, pasando por la reforma de la eurozona y de la política de inmigración.

El esquema, avalado en la cumbre europea de los pasados 19 y 20 de octubre, adolece del característico dirigismo tecnocrático europeo y deja a los ciudadanos al margen de los debates, pese a que el profundo malestar ciudadano se ha convertido en un grave problema en la UE y sus miembros. El descontento ciudadano se evidencia en la pérdida masiva de votos en los comicios de los partidos tradicionales y el auge de fuerzas políticas alternativas (populistas, de izquierda y de extrema derecha). La movilización de más de 2 millones de catalanes por la independencia y la demanda de más autonomía de las regiones italianas de Lombardía y Véneto son otros ejemplos del descontento. Detrás de la demanda de más autogobierno hay la percepción ciudadana de la pérdida de su soberanía política, destaca el economista Michael Boskin.

"La crisis de Catalunya subraya las limitaciones del modelo de integración de la UE basado en los estados", ya que la legitimidad y el correcto funcionamiento de la UE dependen de la estabilidad y la ausencia de conflictos internos en sus estados, señala Daniel Gros, del Center for European Policy Studies. Las decisiones europeas no pueden seguir reservándose a los líderes en el Consejo Europeo y deben articularse mecanismos para que puedan participar efectivamente las regiones y las ciudades, avisa el historiador Harold James

Marginación ciudadana

La propuesta del presidente francésEmmanuel Macron, de "devolver Europa a los ciudadanos", de implicarlos en la reforma de la UE a través de debates en "convenciones democráticas" en cada país, fue rápidamente desestimada por la Comisión Europea. La iniciativa tampoco encontró eco entre los demás líderes de los Veintisiete. Pero esa marginación ciudadana es la raíz de la descomposición política que padecen las democracias occidentales y la UE. La participación de los ciudadanos se ha reducido al voto en las elecciones sin que después puedan ejercer un control sobre las decisiones y políticas de sus representantes.

El Pew Research Center publicó en octubre un estudio sobre la percepción de la democracia. El informe revela un marcado descontento sobre cómo funciona la democracia en el sur y el este de la UE, con el 79% de los ciudadanos descontentos en Grecia, el 74% en España, el 67% en Italia y el 65% en Francia. La opinión es mejor en el norte de Europa, con el 79% de los suecos satisfechos, el 77% de los holandeses y el 73% de los alemanes. La falta de confianza en los gobiernos nacionales también está en mínimos en Grecia (13%), España (17%), Francia (20%) e Italia (28%).

El estudio de Pew Research indica que el nivel de insatisfacción sobre el funcionamiento de la democracia y del gobierno nacional es mucho más marcado entre los europeos que consideran que la situación económica es mala. Los mayores niveles de desconfianza se concentran en el votante de partidos alternativos.

La recurrente queja ciudadana de que su opinión no es escuchada ni tenida en cuenta por los políticos queda reflejada en que el 70% de los europeos defienden un sistema de democracia directa para votar en referéndum las cuestiones importantes. El apoyo es más alto en España (75%), Alemania (74%), Francia (74%) e Italia (71%). Asimismo, la mayoría de los europeos (54%) se oponen al gobierno de los expertos.

Credibilidad hundida

El libro 'Où va la démocratie?' (¿A dónde va la democracia?), que acaba de publicar la Fundation pour l'Innovation Politique (Fondapol), llega a conclusiones similares: el 55% de los europeos estiman que "la democracia funciona mal", con índices positivos en los países del norte de la UE y muy bajos en el sur y el este. El estudio también indica que la crisis económica y el disparo de la desigualdad han hundido la credibilidad de la clase política.

La UE confía demasiado en la actual modesta recuperación económica para capear su crisis política y no puede seguir eludiendo afrontar el grave desafío del descontento ciudadano, advierte Michael Boskin. Para que funcione la refundación, la UE debe liberarse de las estrechas prioridades del eje franco-alemán, señala Harold James.

El peligro es que la reforma de la UE quede reducida para los ciudadanos a "controles aún más estrictos sobre los presupuestos nacionales, lo que resultaría económicamente dañino y políticamente tóxico", subraya el economista Philippe Legrain.

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