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CONFLICTO ISRAELO-PALESTINO

Balfour, una carta entre lores

Pere Vilanova

Bien podemos referirnos a la Declaración Balfour como "la carta que sacudió Oriente Próximo", y de esto hace ya cien años, pero su carga destructiva sigue intacta. Primero, los hechos: el 2 de noviembre de 1917 un ministro del Gobierno Británico de su Majestad, Lord Balfour, envía una carta, un pedazo de papel, a Lord Rothschild, líder de la comunidad judía británica, para que la haga llegar a la Federación Judía de Gran Bretaña. Como se puede ver, correspondencia privada entre ciudadanos británicos, con mucho título de Lord de por medio.

En segundo lugar, el contenido: la carta, de menos de setenta palabras, afirma que “el Gobierno de su Majestad ve favorablemente el establecimiento de un 'hogar nacional judío' en Palestina” y añade “en el bien entendido de que nada de esto pueda causar perjuicio a los derechos civiles y religiosos de la comunidades no judías existentes en Palestina”. Extraordinario, no se trata de un Tratado Internacional, de un Tratado bilateral entre estados, de ningún texto jurídico vinculante desde el punto de vista del Derecho Internacional, se trata de una carta entre ciudadanos británicos. Y hace promesas que afectan de lleno a un territorio y sus habitantes, que no son súbditos del Imperio Británico. Palestina no era una colonia británica, era parte del Imperio Otomano, y estamos en plena Guerra Mundial, muy lejos todavía de los arreglos posteriores incluidos en el Tratado de Versalles.  

Súbditos del califa

Los actuales estados árabes de Oriente Próximo, Libano, Siria, Irak, Jordania, no exitistían como tales, eran todos súbditos del califa de Estambul. La responsabilidad de Gran Bretaña continuará, permitirá la inmigración judía en esos veinte años que van de 1918 a 1938, no facilitará la creación de un Estado palestino a diferencia de los que sucederá con Siria, Irak y los restantes nuevos estados árabes. Y luego, en 1946, el nuevo Gobierno británico surgido de las urnas, ante el nivel de violencia alcanzado ya en la zona, se lavará las manos, dirá que el problema es de la (recién fundada) Organización de Naciones Unidas, y abandonará aquel territorio y a sus habitantes a su suerte.

El resto es bien conocido: el Plan de Partición de Naciones Unidas de noviembre de 1947 se vota en la Asamblea General, se decide la partición del territorio en dos partes, una palestina y una judía. Después las guerra de 1948, 1956, 1967, 1973, 1982, 2006, dos intifadas y un reguero de muerte hasta hoy. Desde luego, el conflicto en su versión actual, no se resolverá volviendo una y otra vez a la Declaración Balfour. Uno opina que la gravedad del papel del Reino Unido es recurrente desde 1917 hasta el Plan de Partición de 1947, y nadie puede ser optimista mientras Israel en su versión actual siga teniendo el incondicional favor de Estados Unidos sea quien sea el presidente. Y justo este 2 de noviembre, el primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, ha sido recibido oficialmente en Londres por la señora May ¿De qué hablarían?

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