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Pequeño observatorio

Superar las heridas del otoño

Josep Maria Espinàs

Las exageraciones sostenidas tienen un problema: fatigan. Y la credibilidad fracasa


Ha escrito Marta Cervera en este diario que la tensión política en Catalunya y España ha creado un clima de incertidumbre que se ha respirado a partir de la violencia policial.

Intentando dejar de lado mi irritación, compartida por mucha gente, la escena de aquella agresión tenía algo de escena teatral. Los armados contra los indefensos. El poder –cualquier poder– suele ser partidario de practicar el teatro. El teatrismo está más o menos arraigado en nuestra especie. El resto de seres vivientes no disponen de la capacidad de hacer comedia deliberadamente.

Es curioso que nosotros hayamos creado y adoptado la expresión «no hagas comedia» para declarar que no nos creemos lo que dice alguien. Hacer comedia, hacer teatro, hacer un drama... Y en determinada situación, cuando tenemos gente que nos mira y mantiene una actitud exagerada, nuestra reprobación ya no puede ser más expresiva y rotunda: «No hagas teatro».

Hay personas que son discretas en la manifestación de sus ideas o sus sentimientos, y otras que todo lo teatralizan. A veces un poco de énfasis es necesario para reclamar la atención. Pero las exageraciones sostenidas tienen un problema: fatigan. Y la credibilidad fracasa.

A veces hacer una frase con un poco de énfasis es necesario. Los compositores de música y los intérpretes lo saben muy bien: un forte, unas notas breves pero intensas sacuden a los oyentes. Pienso que la monotonía queda superada cuando hay una agradable politonía.

No me extrañaría que la decisión, en el caso de Catalunya, sea una partitura solo interpretable por trompetas y tambores.
Pienso en el poema de Verlaine que comienza así: «Los largos sollozos de los violines del otoño hieren mi corazón...».

Este otoño nos toca superar las heridas. 

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