23 sep 2020

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Dos miradas

Eric Gámez (izquierda) y Sergi Rodríguez (derecha) lanzan bolas en una pista de petanca situada junto al Arc de Triomf, el pasado día 6.

ELISENDA PONS

Aceptamos el reto, tuvimos que cambiar las estrategias y jugamos la partida de pentanca en unas pistas no homologables... Este no es un artículo sobre la petanca. Es un artículo sobre política y elecciones

Con un amigo, hace muchos años, decidimos participar en un campeonato de petanca que se montó en un pueblo del sur de Francia. Íbamos con la ilusión de participar por amor al arte y con la intención de matar unas cuantas horas de un verano caluroso. Teníamos las bolas a punto, nuevas y relucientes, y una cierta habilidad en el juego. Uno las acercaba y el otro embochaba, en la jerga de la petanca. El torneo estaba organizado por un camping, que es donde siempre se hacen estas cosas, y había un complejo de pistas bastante homologable a nivel internacional.

Se hizo un sorteo y nos tocó competir, en primera ronda, contra una pareja de franceses, asiduos del camping. La sorpresa fue que la pareja contrincante decidió el campo de juego y, como que conocían las reglas del torneo y los espacios libres del recinto, nos indicaron que la partida se iba a celebrar en el parking, en una zona que era un pedregal. Nos quejamos. Dijimos que, habiendo pistas homologables a nivel internacional, no entendíamos el porqué de aquella decisión unilateral. Bueno, sí que la entendíamos: ellos habían estado entrenando entre piedras y no en la superficie lisa de tierra donde las bolas se deslizan con más precisión. No lo pudimos evitar. Nos dijeron: «'Monsieurs, ¡la pétanque c’est tout terrain!'». Aceptamos el reto, tuvimos que cambiar las estrategias y jugamos.

Este no es un artículo sobre la petanca. Es un artículo sobre política y elecciones.