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OPINIÓN

Tiempos de distracción necesaria

Albert Guasch

Si te preguntan si viste el partido del Barça, respondes que sí, claro, evidentemente. Has quedado con amigos, te sientas frente al televisor y picas algo. Y vas hablando y te distraes y te das cuenta al cabo de un rato de que no te has fijado en nada, quizá porque no ha pasado casi nada. Y sigues conversando. Y cuando se hace un silencio prestas atención a cuánto tiempo de partido se lleva y te dices que o bien la conversacion es sumamente fascinante o es que en realidad al otro lado de la pantalla todo discurre de forma plana, sin fogonazos que te obligan a interrumpir abruptamente la charla...

Y en eso estamos ahora mismo, debatiendo en el ámbito barcelonista sobre la estética del juego y el grado de diversión que proporciona el equipo de Valverde. Porque son unos cuantos ya los partidos que han obligado a refrescarse la cara para atajar los bostezos. La cuestión es: ¿le damos a estas alturas de temporada demasiada importancia al nivel de entretenimiento que alcanza el equipo? ¿Resulta improcedente? Nunca ha sido el barcelonismo una masa acrítica, aunque los marcadores, como sucede ahora, vayan de cara. El espectáculo se exige, porque forma parte de la educación futbolística de muchos seguidores del Camp Nou. Sabemos que los resultadistas existen, pero nos gusta pensar que están de retirada. 

Acorazarse

Y aun constatando la insipidez futbolística, se adivina en el entorno comprensión hacia el proyecto. Estamos al principio, y falta Dembélé, la suntuosa pieza desequilibrante, y la plantilla es imperfecta. Y Valverde cae bien. Y se entiende que todo entrenador lo que quiere es empezar ganando y armarse con la coraza de los resultados y preocuparse después por los conceptos estilísticos, porque desde la confianza de las victorias y de la clasificación holgada en los torneos relevantes se puede crecer en todos los sentidos, incluso en los más exquisitos. 

Pero en unos tiempos en que la distracción resulta más que necesaria entre tanto tumulto político, puede que se corra el peligro de que la gente se aburra con el Barça y prefiera hacer otras cosas antes que acudir al Estadi. O que los amigos se citen ya con el televisor apagado. 

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