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Dos miradas

El paseo por el cementerio, en busca de un nicho familiar que no encuentro, me hace pensar en todos los demás que he visitado

Paseo por el cementerio. Voy a buscar un nicho familiar y no lo encuentro. Me pierdo en medio de calles y de plazas amables (hay plazas y calles, en este cementerio, como si fuera una ciudad) y topo, de vez en cuando, con un mausoleo donde hay una estatua del desconsuelo. Veo, en una explanada, tumbas en el suelo, sin nombre, con una cruz de madera sobre el túmulo. Tendré que preguntar, un día, de quiénes son y qué hacen aquí, en medio de tantos muertos que, estos sí, tienen nombre. Y fotografías. Me paro ante un nicho donde el señor, que está en una placa oval, descolorida, fuma un cigarro ostentoso. La señora, también fallecida, a su lado, va vestida y muy maquillada. En otra zona del cementerio hay una fosa común y una pared de acero con los nombres de los que murieron asesinados por el horror. Las fechas de los nacimientos son diversas, pero coinciden todos, con poca distancia, en las fechas de la muerte.

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El paseo por el cementerio me hace pensar en todos los demás que he visitado. Aquel donde descansa el hombre cuyo nombre fue escrito sobre el agua. Aquel donde el hombre contempla el mar, siempre recomenzado, desde una tumba discreta donde, un día, dejé una piedra. Todos, poetas. El cementerio marino donde, en un día de lluvia, enterramos, con tristeza y añoranza, a un hombre bueno. Todos me vienen a la cabeza, esta mañana, mientras aún busco el nicho familiar que no encuentro. Todos los muertos me vienen a ver y los saludo con una mirada discreta.

Temas: Cementerios

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