Ir a contenido

El inhóspito refugio europeo de Puigdemont

Carlos Carnicero Urabayen

La huida de Puigdemont al corazón de la UE no cambiará los mensajes de Europa sobre la crisis catalana, pero amenaza con incendiar la política en Bélgica

Un páramo seco donde no crece la hierba. Esta es la imagen, nada amable, que representa los apoyos del independentismo catalán en el exterior. No hay reconocimientos internacionales a la DUI, tampoco muestras de apoyo o solidaridad. La huida hacia adelante de Puigdemont, figurada y literal con su viaje misterioso a Bruselas, no traerá frutos al independentismo en Europa. En el mundo real europeo del que el independentismo ha tratado de evadirse, nadie duda de que España es un Estado de derecho donde no existe la persecución política.

La simpatía internacional que generó inicialmente el 1-O por la torpeza del Gobierno español y la violencia de las imágenes durante la votación queda muy lejos. Ha sido dilapidada por Puigdemont y los promotores de la DUI, confirmando su imagen insurrecta en el corazón de la UE, territorio democrático y civilizado. Romper con la Constitución y el Estado de derecho, por mucho que se armen de indignación los independentistas, es romper con la UE.

En la memoria quedan las ruedas de prensa en Bruselas de Raül Romeva, conseller depuesto de Exteriores, asegurando a la prensa internacional que sus contactos con las 27 capitales eran constantes. Siempre secretos, apuntaba, "por la naturaleza de las conversaciones". La realidad es que terminó su mandato sin lograr reunir a Puigdemont con un solo comisario, ni autoridad europea destacable, algo que otros presidentes autonómicos hacen habitualmente. Dineral y recursos sin resultados en tiempos de estrecheces para el gasto público. Sintomático que Romeva, muñidor del fracaso exterior, no acompañe a Puigdemont en su huida.

El mundo paralelo

La ausencia absoluta de reconocimientos internacionales es un duro golpe al mundo paralelo que el independentismo imaginó fuera. Desde EEUU a Alemania, pasando por Francia, Reino Unido y el resto de Estados de la UE, nadie ha reconocido la república catalana de Puigdemont y Junqueras. Sin reconocimiento y con el independentismo fuera de las instituciones, serán los catalanes quienes protagonizarán la vida política hasta el 21 de diciembre.

Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, también ha hablado claro. Con su habitual parquedad, afirmó que España sigue siendo su único interlocutor, pero también pidió a Rajoy que en su respuesta favorezca "la fuerza de los argumentos, no los argumentos de la fuerza". El polaco habla por 28 estados, unidos en el tema catalán, pero con sensibilidades diferentes, particularmente Bélgica, la única china en el zapato europeo de Rajoy.

Dar la palabra a los catalanes

La jugada de Rajoy, coordinada con Sánchez y Rivera, encaja con la petición de Tusk. La combinación de la medida drástica del 155 con la convocatoria de elecciones en el menor tiempo posible despeja cualquier duda sobre la tentación autoritaria que en el imaginario independiente motiva las acciones de Rajoy. El mensaje que trasluce, dentro y fuera de España, es que Rajoy opta por dar la palabra a los catalanes para que decidan ellos quiénes serán sus legítimos representantes para volver a la normalidad institucional.

La huida de Puigdemont al corazón de la UE no cambiará los mensajes de Europa sobre la crisis catalana, pero amenaza con incendiar la política en Bélgica, un país que vivió sin gobierno durante 541 días entre el 2010 y el 2011. Las tensiones sobre Catalunya son evidentes en el Gobierno. No fue casual que Theo Francken, secretario de Estado de Migración y Asilo, mencionara la posibilidad de acoger a Puigdemont.

El Gobierno belga incluye a los nacionalistas flamencos del NV-A, simpatizantes del independentismo catalán, y sus presiones al primer ministro Charles Michel (liberal y francófono) son constantes. El Gobierno no ha reconocido la DUI, pero ha sido el único Estado que ha sido algo ambiguo, apelando al cumplimiento de la legalidad internacional y nacional. Tras la rueda de prensa de Puigdemont en Bruselas, Michel parece quitarse de en medio al afirmar que no tiene nada que ver con su invitación y ha dicho que el president depuesto tiene los mismos derechos que cualquier ciudadano europeo, "ni más, ni menos".

Al margen de los nacionalistas flamencos, Puigdemont tendrá pocos amigos en Bruselas. El también belga Guy Verhofstadt, líder del Grupo Liberal en la Eurocámara, del que forma parte el independentista Ramon Tremosa, ha afirmado sobre un dibujo que comparaba a Tintin con Puigdemont: "Tintin siempre encontraba soluciones para las aventuras que encontraba, mientrasque  Puigdemont deja Catalunya en el caos y la devastación". 

0 Comentarios
cargando