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Análisis

21-D: del boxeo al ajedrez

Xavier Bru de Sala

La partida electoral se la llevará quien efectúe más rápidos los cambios hormonales que van del ardor a la concentración mental

Habíamos quedado que en el combate de boxeo del procés, al directo al estómago de la DUI le correspondía el intento de KO con el 155 de máxima dureza. Mientras unos independentistas celebraban la nueva república y los demás temían la espiral resistencia-represión, hubo un primer síntoma en el Senado. Los medios públicos catalanes podían quedar al margen. Pocas horas más tarde, sonó la campana del final de round. No es otra cosa el anuncio de elecciones inmediatas, que implica la renuncia a tomar el control efectivo de la Generalitat e invita a cambiar el ardor de la resistencia por la campaña electoral.

Sin duda, la jugada es tan inteligente, de tanta finezza, que no puede haber salido de las mismas psiques constitucionalistas, cuadriculadas por mandato del ADN hispánico, que ordenaron las cargas policiales del 1-0, el encarcelamiento de los dos Jordis o, minutos antes del anuncia electoral, pedían desde la SER -¡la SER! -que Carles Puigdemont se pudriera en la cárcel. El árbitro del combate de boxeo, que se llama Europa, mandó tocar el gong. Si no lo hacía Puigdemont, que obedeciera Rajoy.

El riesgo de echarlo todo a perder

De repente ha cambiado radicalmente la naturaleza de la confrontación. Hemos pasado del boxeo al ajedrez, de la adrenalina el cálculo. Ninguno de los dos combatientes, todavía con los guantes de boxeo puestos, estaba preparado para mover peones, torres o caballos, pero la partida del 21-D se la llevará quien efectúe más rápidos los cambios hormonales que van del ardor a la concentración mental. Hoy, mañana o pasado alguien puede propinar un puñetazo al tablero y echarlo todo a perder. No son pocos los dispuestos a hacerlo, pero el bando que lo hunda perderá buena parte de la legitimidad que se ha otorgado a sí mismo. También perderá el favor del árbitro exterior. Aún más grave, será sancionado por el árbitro interior, el que en democracia tiene siempre la última palabra, que es el electorado.

De entrada, el president Puigdemont -título ya honorífico- puso la semilla del cambio de actitud. El impecable relieve en los Mossos marca el camino. Pero la ANC considera que el 21-D es una pantomima. Así plagia a Rajoy cuando decía que las urnas de los demás no valían. Cuidado, porque urnas son urnas, aunque las ponga el diablo. A ojos del mundo, no hay mucha diferencia entre perseguirlas y boicotearlas.

El proyectil de la DUI, en la recámara

El independentismo, en bloque, debe digerir dos evidencias a la velocidad de la luz. Primera, que el proyectil de la DUI no ha sido disparado sino que se queda en la recámara. No es un mal lugar, y es realista. Segunda, que si no se presenta a las elecciones alguien lo hará en su nombre o en su contra, ocupará los escaños que deje vacíos y gobernará Catalunya. No es lo mismo destituir al director de TV-3 desde Madrid que desnaturalizar los medios públicos con mayoría en el Parlament.

No miren las encuestas, sino el tablero de ajedrez. Cuanta más resistencia independentista, más votos constitucionalistas. Cuanta más represión del Estado, más voto independentista. Por ello, si no abdican de la inteligencia sobrevenida pondrán a los Jordis en libertad antes del 21-D.

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