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GENTE CORRIENTE

Rosa Galindo: "Debemos recordar que somos naturaleza"

En el 2008, la actriz Rosa Galindo dio un giro a su vida. Se aisló en el Pla de l'Orri (Alt Berguedà) y montó la Fundació Miranda, un espacio de libertad donde recupera caballos con un pasado tormentoso y ellos, a su vez, sanan a humanos heridos. El 22 de noviembre, antes de que el frío y la nieve caigan sobre los pastos, Galindo y la manada inician la trashumancia hacia las tierras más cálidas de Ossera, un viaje al que se puede unir todo el que desee "una experiencia transformadora". 

  

 
Ha trabajado con Calixto Bieito, Mario Gas, Sergi Belbel. ¿Qué hace en las montañas? En 1999, cuando actuaba en 'Els Pirates', de Dagoll Dagom, murió Carles Sabater, muy amigo mío. Tuve la sensación de salir de una crisálida adolescente y entrar en una época de madurez. No vi sentido a subir a un escenario si no estaba más comprometida con el mundo.

¿Lo dejó del todo? Durante cinco años. Abrí la escuela de arte dramático Eòlia. Y un día cayó en mis manos el libro 'La maternidad de Elna', de Assumpta Montellà, y sentí la necesidad de explicar la historia de Elisabeth Eidenbenz.

Lleva nueve años interpretándola. Eidenbenz dice: "Solo hice lo que tenía que hacer". Yo tampoco lo puedo evitar.

¿Recuperar caballos era igualmente inevitable? Sí. De pequeña ya decía que quería ser actriz y granjera. Así que reconecté con la infancia y aposté por vivir en la naturaleza. Era el camino de la conciencia, el único posible.

¿Lo hizo sola? Inicié el proyecto con mi expareja –lo dejampos hace ocho meses–; y actualmente vivimos mi hijo, de 11 años, y yo, los 50 caballos, 11 perros y algunas gallinas.

Tiene usted agallas. Tiene una parte dura, sí. ¡El estrés rural existe! Todo es muy extremo. Se tardan dos horas para ir al cole y, cuando estamos incomunicados, hacemos 'homeschooling'. He pasado horas en la nieve, con las manos congeladas, ayudando a un animal. Pero no puedes creer que no serás capaz. No puedes no estar presente. Con lo que hay, estás. Y cada segundo aprendes algo.

Cuente alguna de esas lecciones. Caballos, personas y naturaleza forman un círculo virtuoso que se activa especialmente en la trashumancia, en otoño y en primavera. Una, hacia Ossera, por el Camí dels Bons Homes y el de las Trementinaires, atravesando Sant Julià de Cerdanyola, Gisclareny y Tuixent. Y otra hacia el Parc del Garraf, por el Camí de Marina. Es un momento para la reconciliación entre especies.

¿Y van atravesando lugares en fila sin problemas? Es posible gracias a la complicidad de los ayuntamientos, que dan permiso de paso, y el acuerdo con la Diputació de Barcelona, que nos cede 300 hectáreas para que los caballos pasen el invierno. Allá donde van, mejoran el territorio. Ayudan a que haya biodiversidad.

¿Nunca se le pierde alguno? No. Su supervivencia está en el grupo. Deberíamos tomar nota.

Más cosas que anotar. Los caballos te enseñan a estar presente, el valor del vínculo, la confianza. Estar con ellos es como un 'mindfullness' a lo bestia. Lo que más les gusta es vivir en paz. Rara vez he sentido una calma tan profunda como junto a ellos. Y activan la voz interna. 

¿Diría que la quieren? Debería preguntárselo a ellos. Cuando me introduzco en la manada, yo siento amor. 

Oiga, ¿viene de familia payesa? Mi abuela paterna era de Cortillas, un pueblo del Pirineo de Huesca. Ella me explicaba historias, como que la gente moría a causa de un simple resfriado. Cuando vives en un espacio natural estás conectado con la vida y la muerte a cada instante. Los humanos debemos recordar que somos naturaleza.

Usted está conectada con el silencio y la ovación y el silencio. ¿Qué elige? El silencio es espacio; la ovación, humanidad.

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