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Corredores por el paseo de Gràcia de Barcelona, durante el maratón.

JORDI COTRINA

Nuestro tercer tiempo

Marta López

Legas a casa,  acelerada para variar, pasas de  largo el sofá y apenas sin tiempo de intercambiar un saludo, vas directa a la cama. Allí  sueltas el bolso y la ropa, te pones unas mallas, te haces la coleta, te calzas las zapatillas y... a correr. Puede que solo salgas una vez entre semana, dos con mucha suerte. Pero llegará el sábado y el despertador te sacará pronto de la cama de nuevo. ¿Quién dice frío, pereza o cansancio?

Salir a correr no es más que disfrutar palmo a palmo de tu barrio,  ir a trotar por la Carretera de les Aigües, quizá bajar a la playa -ese grandioso gimnasio al aire libre junto al mar- , o peinar la Diagonal. A veces sola y con tus múltiples pensamientos, saboreando la soledad y cada momento,  con cada respiración. A veces con tus amigas, de años o recién adquiridas, hermanadas por una afición común, con las que estás preparando la próxima carrera, con las que luego compartirás estiramientos, una bebida isotónica, si hay tiempo una cerveza y, de paso, pondrás fecha a una cena.

El reflejo de la sociedad mutante

Las calles hablan solas cuando se llenan de camisetas y bambas multicolores. Jóvenes y no tan jóvenes, cada vez somos más y mejores. Los resultados de nuestras atletas en un cada vez mayor número de disciplinas hablan de todas nosotras. Son el reflejo de nuestra sociedad mutante. Por eso cada vez más mujeres se suman a las competiciones populares y sus marcas mejoran.

Corremos porque nos sentimos bien. O nos sentimos bien porque corremos.  Despejamos la mente y constatamos que aunque no es posible luchar contra el paso del tiempo en nuestro cuerpo, sí es posible modularlo.  Competimos por supuesto -entre nosotras y contra nosotras mismas, que buenas somos-, nos exigimos -de eso también sabemos un rato-, nos cuidamos -más para gustarnos que para gustar- pero además socializamos y nos divertimos. Corremos, nadamos, paseamos, pedaleamos, zumbeamos o surfeamos a la vez que gritamos que nuestro tiempo libre es solo nuestro. Nosotras también pisamos fuerte. Y a veces, de postre, nos regalamos nuestro tercer tiempo.
 

*Marta López. Coordinadora de Internacional. Periodista con mundo, deportista con ganas

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