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El gran paso de Muguruza

Jaume Pujol-Galceran

Roland Garros Wimbledon. Garbiñe Muguruza tiene razones para sentirse ogullosa y satisfecha de lo conseguido. En París, el año pasado, logró su primer Grand Slam y este año, en la hierba de Londres, ha consolidado su gran éxito con el segundo. Por eso en Singapur, y tras ver como se le escapaba la posibilidad de cerrar el año como número 1 mundial, aseguró: "No cambiaría por nada este año. Ha sido increíble, el mejor hasta ahora".

A sus 24 años ha logrado un doblete del que pocas tenistas pueden presumir, pero -también lo sabe ella- le ha faltado refrendarlo con el número 1 del año que lució durante unas semanas. Se le ha escapado en el esprint final cuando ya veía la meta. Venus Williams le arrebató la opción esta vez.

No conseguirlo debe servirle de acicate para el futuro. Muguruza tiene tenis y recorrido para conseguir cualquier objetivo si continúa su dinámica de progresión. Si en el 2016 irrumpió en el 'top ten' y conquistó Roland Garros por su gran ambición, su tenis poderoso y sin necesidad de un plan B, cuando sus armas le fallaban, este año en Wimbledon ha sabido sobreponerse a un mal inicio de temporada con su mayor profesionalidad y su actitud de resolver situaciones cuando las cosas se torcían, con el trabajo y la constancia que le habían faltado antes.

Muguruza ha dado un gran paso pero aún tiene un largo recorrido por delante para consolidarse y aprovechar el cambio generacional que se avecina en el circuito femenino con un grupo de tenistas entre las que, sin duda, ella está en la cabeza de la carrera.

Está en condiciones  de conseguirlo, pero ella es la primera en saber que si ambiciona marcar una época  aún le queda mucho trabajo para evitar los altibajos mostrados en demasiadas ocasiones. Ha ganado dos Grand Slam pero solo cuatro torneos más desde que debutó en el circuito. A su clase deberá añadir regularidad, humildad y trabajo.

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