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MIRADOR

Un momento del musical Hair en el teatro Apolo, en diciembre del 2010

Cada día es un Vietnam

Josep Maria Pou

Por necesidades de tiempo y entrega, escribo esta columna el viernes 27 por la mañana, reunidos, cada uno por su lado, el Parlament de Catalunya y el Senado de la Nación, para tomar, ambos, decisiones históricas. No puedo esperar a las conclusiones finales. Soy consciente, pues, de que escribo en el vacío, de que me aventuro, con los pies en el aire, sin saber de cierto qué terreno voy a encontrarme en el momento del aterrizaje, es decir, mañana sábado, día de su publicación. Y esto, que debería parecerme extraño, me parece, por contra, de lo más normal. En las últimas horas, por no decir semanas (¿años, quizá?), nos hemos acostumbrado al vaivén mareante de la montaña rusa, al saber y no saber, creer y no creer, esperar y desesperar, en muy breves intervalos de tiempo. "Vivo sin vivir en mi / y tan alta vida esper o/ que muero porque no muero" (siempre oportuna Teresa de Jesús).

Acaban de cumplirse 50 años del estreno del musical 'Hair', el de los 'hippies' de pies descalzos y flores en la cabeza, el del "no a la guerra", el de "paz y amor"

Lo lógico sería, pues, cubrir el expediente con un artículo sin compromiso, y hablarles ahora del sexo de los ángeles, por ejemplo, o de la caca de caballo, mulo o asno, como el estiércol natural más idóneo para el cultivo del champiñon. Cambiar opinión por divulgación (o pura elucubración) y salir del paso con más o menos gracia.

Pero caigo en la cuenta de que acaban de cumplirse los 50 años del estreno del musical 'Hair', aquel de los 'hippies' de pies descalzos y flores en la cabeza (colocón de marihuana añadido), el del "no a la guerra", el de "paz y amor", el de la era de Acuario: "When the moon is in the seventh house...", ¿lo recuerdan? Y seguro que recuerdan también como seguía: "Harmony and understanding / Sympathy and trust abounding", lo que, traducido, viene a decir: “Armonía, entendimiento / comprensión y confianza”.

El musical nació como un inmenso grito de paz frente a la guerra que en aquellos años 60 se libraba Indochina. Y si lo recuerdo ahora es, quizás, digo yo, se me ocurre, vete a saber, por la frase que le oí pronunciar a Puigdemont hace apenas unas semanas: "Cada día es un Vietnam". 

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