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Geometría variable

Sede de CaixaBank en Barcelona.

EFE

Evitar reincidir en el error histórico de 1934

Joan Tapia

El daño hecho a la economía aún puede ser mayor, según la Cambra de Comerç


¿Se imaginan que el Santander y el BBVA sacaran de España su sede social para lograr sobrevivir? El escándalo sería hipermayúsculo. Imposible que el ministro Guindos dijera que no era grave porque no se iban a Fráncfort sino a Lima y Buenos Aires, países de habla castellana. Es lo sucedido con la marcha de CaixaBank y el Sabadell a València y Alicante por el miedo de ahorradores y mercados a una posible declaración de independencia. Y han seguido 1.500 empresas que dan trabajo a una quinta parte de la fuerza de trabajo.

Afirmar que el cambio de sede no tendrá graves efectos a medio plazo es de descerebrados. Y las reservas hoteleras están bajando, al igual que el consumo de las familias. El presidente de la Cambra de Comerç de Barcelona, Miquel Valls, hombre prudente, cree que el crecimiento caerá en el cuarto trimestre a casi la mitad del previsto (del 0,8 al 0,5%). Y añade que el mal ya está hecho pero que es susceptible de empeorar y que «son los políticos los que nos han metido en esta situación cuando la economía estaba en plena recuperación».

Pero Junqueras silba y el president Puigdemont sigue deshojando la margarita cuando todo el tejido económico productivo le pide a gritos que no declare la independencia y convoque elecciones para evitar la intervención de la autonomía. Hasta el exconseller Andreu Mas-Colell, tan solvente economista como independentista, confiesa a Jordi Basté que «ni la Generalitat ni el pueblo están en condiciones de hacer viable la independencia». Ni caso. Puigdemont y su entorno no escuchan ni a los consellers Santi Vila (Empresa) y Carles Mundó (Justícia y de ERC) que advierten que para evitar la suspensión del autogobierno (tras la ley de desconexión del 7 de setiembre) hay que ir a elecciones. Caso contrario, mañana el choque de trenes puede ser tan estrepitoso como calamitoso.

Doble tsunami

La DUI y el 155 serían un doble tsunami para la convivencia catalana. La intervención de la Generalitat generaría mucha conflictividad y abriría negativos interrogantes de futuro. Las instituciones –dañadas– se acabarían restituyendo porque en el marco europeo siempre acaba habiendo elecciones. Recuperar la convivencia social sería más difícil. Y superar el estropicio económico y de imagen que ya se nota (paralización de inversiones y de reservas) mucho más lento y duro.

Las sedes sociales que ya se han ido –ojo a la Seat– será difícil que vuelvan. Lo ha dejado claro el consejero delegado de CaixaBank. Y peligra la imagen de Barcelona como ciudad próspera y abierta. La Agencia Europea del Medicamento es ya imposible y la continuidad del Mobile World Congres una incógnita.

Saber historia

En 1934 el president Companys se sublevó contra la República porque tres políticos de la CEDA (partido similar al PP) entraron en el Gobierno. La Generalitat –tiempo de guerra aparte– no se recuperó hasta 1977. Catalunya debe saber historia y no reincidir en el disparate de 1934. Algunos dirán que es el discurso del miedo. Los que hace poco predicaban que íbamos a ser la Holanda del sur.
 

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