Las desigualdades sociales

Promoción de la persona

Lo esencial de la atención a los vulnerables no es si debe darla el Estado o ser una acción caritativa, sino que se centre en el crecimiento del afectado

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Sintecho en una calle de Barcelona.

Sintecho en una calle de Barcelona. / JOAN PUIG

La sociedad civil, las personas asociadas, debemos considerarnos corresponsables de la atención a los vulnerables, de ser su voz y de hacer de punta de lanza en prestar atenciones que el Estado no presta, ni de momento puede hacer suyas. El concepto de sociedad del bienestar integra las garantías sociales que la Administración ofrece a los ciudadanos, con el rol de la sociedad civil desde la necesaria complementariedad. Interpretaciones garantistas consideran que la Administración debería llegar a todo y que las organizaciones sociales, subsidiariamente, serían contratadas para la prestación de servicios. Otros, convencidos de la importancia de la proximidad, la libre iniciativa y la corresponsabilidad, creemos que hay iniciativas que siempre serán mejores si surgen de la sociedad civil: educación en el tiempo libre desde el voluntariado, asociaciones de afectados por enfermedades, reutilización de excedentes alimentarios, atención a los sintecho o los consumidores patológicos de tóxicos... aunque es necesario que la Administración lo apoye con subvenciones.

En cualquier supuesto, lo esencial no es que sea un servicio básico del Estado o una acción caritativa hacia el débil, sino que lo importante es que toda intervención se centre en la verdadera promoción de la persona. Hay que atender a las personas vulnerables, otorgar rentas mínimas de subsistencia, pero hay que hacerlo al mismo tiempo para un desarrollo lo más autónomo posible. Todo apoyo debe hacerse con la participación posible del beneficiario, escuchando su voluntad e intereses, pero velando al mismo tiempo por aquellas dimensiones en que se le pueda hacer crecer.

Siempre quedarán grietas

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En ámbitos especializados menudo se han contrapuesto los derechos sociales, que todos deberíamos reivindicar, con la caridad porque se hace desde la benevolencia y lo que atiende no está garantizado por unos derechos universales. Si bien es fundamental que la Administración asegure un máximo de derechos, es un hecho que siempre quedarán grietas e iniciativas que la proximidad de la iniciativa social deberá atender, y lo hará probablemente mejor. Para nosotros, lo importante no es el debate entre dos planteamientos, sino que toda intervención se centre en promocionar a la persona vulnerable, en hacerla un protagonista implicado en la superación o adaptación a su realidad. Hay que poner a la persona y su dignidad en el centro.

Es fundamental para el progreso humano, partiendo del estadio del que se parta, y con independencia de que se atienda desde la garantía de un derecho o desde la generosidad de un colectivo, que se intervenga centrándose en la dignidad del otro, preservándola siempre, y procurando su participación y su promoción. No hacerlo es una ineficacia de quien sea, que como sociedad no deberíamos admitir.