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Operación truño

Ramón de España

La Academia fabrica reyes y reinas del gorgorito y la sobreactuación

Llámenme paranoico, pero no puedo evitar tomarme cada nueva edición de 'Operación Triunfo' como una ofensa personal. Entiéndanme, formo parte de una generación para la que la música pop ha sido una excelente compañera de viaje. Crecí con los Beatles y los Stones, David Bowie y Lou Reed, los Sex Pistols y los Clash, los Ramones y los Talking Heads… 

Sin movernos de la tele, pude disfrutar de programas como 'Musical Exprés' o 'La edad de oro', y ahora, lo único relacionado con el pop que se me ofrece es 'Operación Triunfo', un aquelarre seudomusical protagonizado por cantantes de karaoke que ni saben lo que es el rock ni les importa, pues todos aspiran a ser estrellas de variedades a base de interpretar deficientes versiones de canciones que ya no valían un pimiento en su forma original.

Acaba de empezar la edición número 15 o 16 (ya me he perdido) del engendro y, para mi humillación personal, la audiencia ha sido más que notable la noche del estreno. ¡Otro triunfo para Gestmusic, compañía cuyos productos nunca se han distinguido precisamente por su empeño en elevar el nivel cultural de los españoles!

Me dirán los optimistas: de 'Operación Triunfo' han salido estrellas como Bisbal, Chenoa, Bustamante o Rosa de España. ¡Pues a mí me resultan todos insoportables! Puestos a elegir, me quedo con Julio Iglesias y Raphael, pues me parecen más auténticos, signifique eso lo que signifique. A esos dos, por lo menos, los puedes enviar a Las Vegas sin que desentonen mucho con Barry Manilow o el traspasado Liberace, pero los triunfitos pertenecen  –o eso me parece a mí– al mundo de los entoldados de pueblo y a programas de la televisión franquista como 'Gran parada' o 'Amigos del lunes'; los podría presentar un holograma de Joaquín Prats o de Franz Joham. 

Todo cuanto había de noble y estimulante en el pop, de los años 60 hasta el momento presente, es pisoteado por esa gente cuyos referentes no son precisamente John Lennon y Mick Jagger, sino Celine Dion o la difunta Whitney Huston. La Academia fabrica reyes y reinas del gorgorito y la sobreactuación, y a los grupos y solistas que se están matando en cualquier rincón de España por insertarse dignamente en la mejor tradición pop, que los zurzan.
 

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