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Pulso independentista

Los separatistas están perdiendo, y lo saben

Joaquim Coll

No es descartableque Puigdemont convoque elecciones sin DUI en un giro argumental para evitar el artículo 155

Después de cinco largos años, al procés le quedan escasos cinco días de vida. Los líderes separatistas saben que su fracaso es monumental: no habrá secesión ni tampoco referéndum. El señuelo de la mediación internacional que justificó la no declaración de independencia el 10 de octubre por parte de Puigdemont ha sido otro autoengaño sobre el que se han llegado a escribir conjeturas delirantes.

Ya ha quedado muy claro que Europa no quiere saber nada de unos secesionistas que actúan en contra de los valores fundacionales de la Unión. Ahora mismo los miembros del Govern están más que nada preocupados por las graves consecuencias penales que tendrán que afrontar: inhabilitaciones, multas económicas y penas de cárcel para algunos por burlarse reiteradamente del Estado de derecho.

Es significativo que el president no hablase de independencia en su alocución del sábado noche. Si finalmente el pleno del Parlament se lleva a cabo este viernes como respuesta a la reunión ese día del Senado es porque en JxSí van a intentar acabar esta tragicomedia sin consumar un delito de rebelión. Tampoco es descartable que Puigdemont convoque elecciones sin DUI en un giro argumental de 180º para evitar el 155 envolviéndose hipócritamente en la bandera del autogobierno. Hacia ahí se va a dirigir la presión de los cientos de cargos de ERC y PDECat para salvar su sueldo un tiempo más

Escuchar a Ada Colau decir con semblante emocionado, tras conocer lo decidido por el Consejo de Ministros, que «hoy es el día más terrible de los últimos 40 años, un día de involución democrática», ya lo dice todo de hasta qué punto la alcaldesa ha acabado fusionando su discurso antisistema con el nacionalismo. Cuando la mayoría separatista liquidó la Constitución y el Estatut, vulnerando los derechos de los diputados de la oposición y ninguneando los informes de los letrados del Parlament y del Consell de Garanties, no dijo nada. Tampoco se sumó a las críticas de Coscubiela contra el absolutismo separatista desde los valores del republicanismo, ni se solidarizó con los alcaldes socialistas acosados por querer cumplir la ley. Finalmente legitimó con su voto un referéndum fraudulento cuyo objetivo era la secesión unilateral.

Los separatistas están perdiendo, y lo saben. Cuando la excitación del momento permita contemplar la triste realidad, muchos de los convertidos en estos años a la nueva fe serán conscientes del enorme destrozo institucional, social, económico y emocional de la aventura del procés.

Responsabilidades

Nada ha hecho tanto daño a Catalunya y al autogobierno en democracia como el separatismo. Por mucho que Puigdemont y Junqueras se refugien en el victimismo, saquen el espantajo de Franco y la lista cansina de agravios históricos, la sociedad catalana acabará exigiéndoles responsabilidades por destruir la autonomía hastael punto de tener que ser intervenida por el Gobierno español para sacarla del abismo. Cuanto antes podamos ir a elecciones en condiciones democráticas, mejor para todos. 
 

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