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Pulso independentista

Ha hecho falta la ceguera de muchos para caer en la cuenta de que todo iba en serio y ahora que para sorpresa general ha venido lo que se veía venir es cuando de verdad ha empezado lo incierto

Hasta alcanzar el mayor de los fracasos ha hecho falta la ceguera de muchos, la ceguera total, y un coro de voces ingenuas que, según crecía la fractura, se dedicaron a repetir que nadie se atrevería a tanto, que no serían capaces, que ya bajaría el suflé. Puede que el primer sorprendido sea Mariano Rajoy, que ha hecho siempre cuanto ha podido para que los problemas le renuncien. Pero luego llegaron las noches en las que el Parlament aprobó las leyes del referéndum y de ruptura, tan anunciadas y explicadas que muchos se sorprendieron al conocerlas. Luego llegó el sábado en el que, con toda solemnidad, el presidente del Gobierno detalló el alcance de un artículo constitucional que ya se sabía que iba a aplicar. Nada ha sido una sorpresa y, sin embargo, todo es nuevo y abrumador.

No hay ninguna de las medidas explicadas por Rajoy que no se hubiera publicado antes: la convocatoria electoral, las medidas sobre el Parlament y la Administración y, por encima de las demás, el cese del President y del Govern en pleno. Rajoy lo anunció en pocos segundos en una frase larga, una frase sin fin que lo mismo lleva al final de la legislatura catalana que extiende sus efectos sobre la española. Ha hecho falta la ceguera de muchos para caer en la cuenta de que todo iba en serio y ahora que para sorpresa general ha venido lo que se veía venir es cuando de verdad ha empezado lo incierto. De ahí el vértigo y el desasosiego. El momento histórico era esto. Comienza aquí.

El PSOE, sobre el que Podemos ya ha puesto el foco y que se expone a otro debate con al menos una parte del PSC, había anticipado una aplicación "limitada y quirúrgica" del 155. ¿Existía tal cosa? "lgunos querían que se llegara a esta situación", argumentó Rajoy, que negó varias veces lo que varios medios internacionales titularon al momento, que estamos ante una suspensión autonómica. El 155 mínimo del que habló Pedro Sánchez tiene en realidad cotas máximas, aunque dicen en el PSOE que otros sectores pedían más aún.

Tras intentar que las leyes resolvieran por sí solas el conflicto, Rajoy se ha visto en medio de la historia sin más remedio que tomar sus decisiones. El 155 es legal, porque lo recoge la Constitución misma, pero su despliegue es político: elecciones, intervención dura después de recoger apoyos europeos y acuerdo con PSOE y Ciudadanos. Cirugía mayor. Lo que está por ver es el pronóstico.  

En el aniversario del regreso de Tarradellas y el restablecimiento de la autonomía, el Gobierno aparta al Govern y escribe las páginas de la Constitución que sus autores dejaron deliberadamente en blanco. La Generalitat habla de "golpe" y busca complicidades en la calle y en el extranjero. Esta es la hora grave que se acercaba en mitad de todas las cegueras. Se han pulsado los botones rojos a la espera de la aprobación definitiva del Senado. Sería del todo paradójico, casi imposible, que ahora que han expirado los plazos fuera cuando -esta vez de verdad- empezara a correr el tiempo, que aunque todo vaya a peor sea posible aún evitar los males mayores que -esos también- se ven venir. Decía la encuesta de este sábado en EL PERIÓDICO que la mayoría de catalanes rechaza la DUI y el 155 y lo que quiere son elecciones. Aún hay tiempo, si es que queda quien quiera ver.

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