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CONTADORES DE MANIFESTACIONES

Números cantan (no siempre)

Josep Maria Pou

Soy de un gremio en el que le enseñaron a contar los espectadores uno a uno y a no engañarse con el estado de la platea

Por millones se cuentan los asistentes a determinadas manifestaciones (¿Debería, quizás, escribir movilizaciones? ¿O concentraciones? Confieso que, últimamente, ando perdido al respecto). Por cientos de miles, los que asisten a las de signo contrario. Por miles, los que se concentran frente a algún edificio público. Por cientos, los firmantes de manifiestos. Por decenas, no más, quienes deciden, convocan y sostienen la pancarta a la cabeza del desfile. Y entre tanto baile de cifras, apenas si se cuenta ya por unidades. Así nos va.

En un tiempo en que todo se evalúa en cifras, me asombra la pericia de los contadores. A uno y otro lado, hay auténticos especialistas en cebado y desnutrimiento. Ya no es que, según el dicho, todo sea según el color del cristal con que se mira; es que uno está convencido de que la mirada es estrábica, por no decir opaca, por no decir cegata, por no decir pretendidamente desenfocada. Dicho en claro: uno está convencido de que los que dan las cifras nos toman a todos por gilipollas (y que me disculpe aquel al que le moleste la palabra, pero, dados los tiempos, ésta me parece mucho más educada que idiota, estúpido, imbécil, lelo, memo y majadero). Cómo me gustaría poner la suma de mis ahorros en manos de esos expertos en abultar cantidades, y el recuento de mis leucocitos en las de esos encanijadores de parte.

Contar espectadores uno a uno

Pero uno pertenece a un gremio en el que le enseñaron a contar los espectadores uno a uno y a no engañarse con el estado de la platea. Un teatro lleno es un teatro lleno y un teatro vacío un drama para la empresa. Desde el primero de octubre, las recaudaciones de los teatros de Barcelona han caído drásticamente. Con muchos espectáculos iniciando la carrera, a principio de temporada, una sola semana de pérdidas es un desastre. Y aquí no vale enredar con cifras falsas, aquí no vale la engañifa ni el chalaneo, aquí se cuenta por derecho: una entrada es una entrada, un espectador un espectador, una butaca una butaca y un euro un euro.

Y un drama, un drama.

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