Opinión | Abusos sexuales
Periodista y experta en seguridad.
ISABEL LLANOS LÓPEZ
'#MeToo', sí... yo también
No puedes contarlo, porque en el fondo la sensación de suciedad y de vulnerabilidad se acrecienta con la actitud del entorno

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Tendría unos nueve o diez años. Recuerdo que llevaba una camiseta heredada de mis primos de color amarillo con un elefante jugador de rugby en relieve. Iba caminando sola camino de casa de mis abuelos. Un pueblo a principios de los 80 era un lugar seguro. Se me cruzó él, unos cincuenta años largos, pelo canoso y cara arrugada. Me dijo «¡hum, qué tetitas!» mientras me pellizcaba un incipiente pecho izquierdo. Me asusté mucho y sentí un asco y un terror en las entrañas que me ha acompañado en alguna ocasión más. Porque tampoco fue la primera, ni la última. Algunas con agresión física y la mayoría, afortunadamente, solo verbal. Y una mujer aprende por inercia a convivir con ello. No debería ser así, pero lo es.
Tampoco debería ser tener que poner cara de póquer ante chistes misóginos o comentarios machistas porque trabajas en un ámbito masculino. Sí, me viene otra a la mente. Uno de mis primeros trabajos en el campo de la seguridad privada con 19 años. Con mi compañero, durante el cierre del mediodía del establecimiento que custodiábamos comíamos un menú y hacíamos tiempo descansando en el coche. Ignoro qué se le pasó por la cabeza pero el primer uso que hice en mi vida de una defensa (mal llamada porra) fue contra su entrepierna. Y hay muchas más. Tuve las mejores notas de prácticas de verano en mi destino y al llegar a la nueva sede el comentario de mi superior fue: «¿A quién le comiste… de rodillas para tener estas notas?».
Victimización
Cuando ha vuelto a salir a la palestra el tema con el hashtag #Me Too contra el abuso sexual yo estaba en una gira con un colectivo femenino. A todas nos sobraban historias y conozco muchos casos aparte. Lo que no conozco es a ninguna mujer que no tenga una historia que contar al respecto. Y esto sí que me aterra de verdad. Y la victimización secundaria que conlleva. No puedes contarlo, porque en el fondo la sensación de suciedad y de vulnerabilidad se acrecienta con la actitud de un entorno agreste, tan agreste si menosprecia la situación restándole importancia e invisibilizándola, como volviéndose celosamente paternalista.
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