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OPINIÓN

Una noche para los mensajes

Albert Guasch

Ambiente extraño en el Camp Nou. Lluvia torrencial para ahuyentar a los aficionados y hasta a los jugadores griegos, que fue como si no estuvieran. Parecieron futbolistas encharcados.

Extraña brega inicial también a cuenta de las pancartas. El club azulgrana plasmó su solidaridad catalanista en el embarrado campo político con un mensaje que supo a poco a las golpeadas organizaciones independentistas.

La entidad azulgrana andó con pies de plomo, muy marcada todo el día por la UEFA, alérgica a cualquier relato reivindicativo. Reforzó la seguridad en el campo, frenó otro tipo de pancartas más explícitas y a la vez invitó sin ser correspondida a las puntas de lanza de las movilizaciones ciudadanas. ¿Insuficiente? Siempre se le pide más al Barça. En el terreno deportivo y en el terreno político. Y más en las excepcionales circunstancias actuales.

El propio Josep Maria Bartomeu se vio en la necesidad de hacer un carrusel de entrevistas tras el partido para explicarse, para reiterar la apuesta de club por el diálogo y la competición. Y para pedir respeto, es decir, menos presiones. En una de esas entrevistas se atrevió, en la noche lluviosa, a mojarse un poco cuando expresó su perplejidad por las detenciones de «personas por sus ideas». Quizá ya se sentía libre del corsé de la UEFA. 

La libertad sin ataduras experimenta Messi, desatado un encuentro más, diluvie o ande el pasto seco. No hay barrotes para él. Saboreó la libertad un rato Deulofeu, que volvió a ganarse el jornal por las aguas movedizas de la banda. Y cuando más libre se sentía, después de haber cosido unas cuantas carreras fructíferas, Valverde lo devolvió a la jaula del banquillo.

Antiguo extremo, el entrenador conoce como nadie lo que cuesta engarzar un regate, el todo o nada con que vive el jugador asignado a la cal. Se ganó el derecho a más presencias titulares. Se reivindicó en una noche que invitaba a mojarse. 
 

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