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IDEAS

Todo esto pasa porque no hay cabinas

Miqui Otero

Leo una noticia sobre el uso que se dará a la última cabina telefónica de Barcelona, que se resiste a sucumbir al destino de su especie en el barrio de Sant Genís dels Agdells, en Horta-Guinardó. Dice que se ha realizado una consulta ciudadana y la opción más votada, por delante de convertirla en punto de wi-fi o de fumadores, ha sido destinarla al 'book-crossing': un lugar donde dejar y coger libros de forma gratuita.

Un amigo de infancia insistía entonces en que nos haríamos ricos revisando si habían quedado monedas en las cajitas de devolución de cambio de las cabinas: lo llamaba, muy estupendamente, "las propinas de la vida". Parábamos en cada una, de modo que llegábamos siempre tarde a los sitios y aún más frustrados. Ya de adolescente, este zahorí urbano lo seguía haciendo cuando volvíamos de fiesta, con idénticos resultados. Hoy sabe que me gano la vida escribiendo (¡incluso libros!), así que debe de pensar que soy yo quien intento lucrarme con una estrategia inútil.

Todos están hoy al lado de un teléfono pero no conectan con una solución

Ahora que nuestros políticos conversan con cartas, como si esto fuera la Rusia del zar, pienso en cabinas. Por ejemplo, en aquel episodio de 'La dimensión desconocida', en el que un tal Peter Jay Novins llama a su casa para descubrir, con horror, que quien contesta es…. Peter Jay Novins. O en la película 'Última llamada': un tipo no puede salir de la cabina porque su interlocutor es un francotirador que lo apunta apostado en alguna cornisa. O en 'La cabina', donde José Luis López Vázquez se queda encerrado, metáfora de la claustrofobia franquista con olor a caldofrán.

Todos están hoy al lado de un teléfono pero no conectan con una solución. Hablan solos, con argumentos hueros, y luego se extrañan de que a esta relación le falla la comunicación. Al menos podrían agarrar un libro, a ver si se inspiran. Yo pienso en el colega de "las propinas de la vida" y en la cabina del Dr. Who, ese invento fantacientífico que permite escapar del presente hacia otros lugares y épocas pero que también sirve para visionar el futuro, si es que lo hay, si es que alguien quiere verlo, si es que alguien quiere imaginar cómo alcanzarlo sin rifles ni quiméricas naves espaciales que viajan por el tiempo. 

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