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IDEAS

Una profesión del siglo XXI

Una profesión del siglo XXI

Desirée De Fez

Sigo creyendo en mi oficio. En realidad, creo en él más que nunca. Jamás lo había sentido tan necesario. Las mejores reflexiones sobre una película no siempre están en las críticas, no siempre parten de los que escribimos sobre cine. He leído razonamientos increíbles, por ejemplo, en los comentarios de los lectores de mis revistas 'online' favoritas. También en Twitter, aunque ahí más que reflexiones son apuntes brillantes que piden a gritos un desarrollo. Pero, aun así, en un momento tan inabarcable, en el que hay tanto para ver y es más fácil que ayer hacerlo (que en Netflix coincidan 'The Meyerowitz stories', 'Fe de etarras' y 'The babysitter' es una maravilla), creo, sinceramente, que el trabajo del crítico es fundamental. También lo es en un momento en el que todos opinamos de todo, incluso (o especialmente) cuando no tenemos ni idea, y lo hacemos de forma compulsiva y extremista, sentando cátedra y entregándonos al adjetivo. Más que nunca, la figura del crítico, del prescriptor, es importante para ordenar todas esas imágenes, para hacer una criba (aunque luego el espectador prefiera quedarse con los descartes), para darles un contexto y dedicarles la atención que merecen en un momento en el que todo va muy rápido y todo se desecha con tanta arrogancia.

Esa regla actual no escrita por la que todo tiene que llamar la atención y generar debate limita nuestro acercamiento a las películas

Sin embargo, escribir sobre cine en el 2017 (y más cuando no lo haces solo en revistas especializadas) puede ser agobiante porque parece que todo tiene que analizarse de la misma manera. Esa fiebre opinadora, esa regla actual no escrita por la que todo debe llamar la atención y generar debate (es mucho más profundo que el 'clickbait'), limita nuestro acercamiento a las películas. Hoy todo han de ser análisis en clave política, de actualidad y de género. Es una posibilidad valiosa, y hay filmes, como 'Déjame salir' (2017) y 'The love witch' (2016), que sin duda reclaman esas lecturas y analistas con muchas herramientas para abordarlas desde esos ángulos. Pero la crítica, fundamental en un siglo XXI repleto de imágenes, tiene que seguir acercándose a las películas de todas las formas posibles, y también debe encontrar otras nuevas. Caer en el reduccionismo implica explicar las películas de forma sesgada y hablar cada vez menos de cine.

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