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Debate independentista

Entristecido

JULIA PEREZ / ACN

La democracia debe ser más que una película fina que se extiende sobre la superficie. Debe ser profundidad y razonamiento

Estos días se ha forzado la máquina hasta unos límites de exageración que van más allá de la discrepancia política y entran en el terreno de la irracionalidad. Por ejemplo: la arenga contra el nacionalismo de Vargas Llosa, la «herencia lamentable del peor romanticismo», fue proclamada en medio de un mar de banderas que ensalzaban el nacionalismo y de otras que llevaban el nacionalismo hasta los extremos. Tenía razón, porque es cierto que este tipo de nacionalismo, excluyente y totalitario, ha generado «guerras, sangre y cadáveres».

Pero, ¿acaso no veía Vargas Llosa que estaba censurando la ideología que convoca la pertenencia al grupo como bien superior bajo insignias que apelaban a la unidad de la patria, y que se estaba contradiciendo, que las palabras no se correspondían con las demostraciones en directo del fervor nacional?

Opinión exprés

Trágala

Emma Riverola

Escritora

Después vino Cercas y dijo que equiparaba «el ataque a la legalidad democrática» con el golpe de Franco de 1936. «En aquel momento fue con tanques; ahora, no». La debilidad del argumento radica justamente en esta distinción, que no es menor sino ontológica. Si no hay tanques, ¿de qué armas hablamos? ¿Del deseo democrático, de la fuerza moral, de la convicción pacífica? Estas exageraciones hacen que me rebele. Pero sobre todo me entristecen. Porque no se fundamentan en un discurso serio. Y porque la democracia debe ser más que una película fina que se extiende sobre la superficie. Debe ser profundidad, razonamiento, hondura.