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La tortura de un divorcio a la inglesa

Ramón Lobo

El 'brexit' está encallado, sin avances en la negociación de divorcio. Una de las dos partes en litigio, la británica, parece el camarote de los hermanos Marx. No es que existan varias ideas sobre cómo debe ser el 'brexit', si blando, duro o levantarse de la mesa y dar un portazo, que las hay; el problema es que en el gobernante Partido Conservador se libra una guerra civil.

La primera ministra británica, Theresa May, vive sus peores días. Su debilidad es máxima. Vive rodeada de tiburones. El principal es el actual jefe del Foreign Office (ministro de Exteriores), el carismático y oportunista Boris Johnson.

Europa sabe con quién ha empezado la negociación, pero no quién la va a continuar. Bruselas, pese a representar a 27 países, mantiene una sola voz. El límite de tiempo es el 30 de marzo de 2019. Si fuera necesario ampliar el margen deben decidirlo los 27.

El principal negociador de la UE, Michel Barnier, empleó dos palabras para resumir la situación, "bloqueo" y "preocupante". Pueden ir juntas o no.  May aseguró el lunes ante la Cámara de los Comunes que las negociaciones podrían finalizar en otoño de 2018, idea que sirvió de excusa para una revuelta de los eurofóbicos, como Michael Gove, un político más tóxico que Johnson. Para ellos, negociar es claudicar. Buscan el portazo y, en caso de Johnson, el poder.

Se manejan dos escenarios: sustitución de May o elecciones anticipadas. Para derribar a la primera ministra, los rebeldes necesitan el apoyo del 15% de los parlamentarios del partido, en estos momentos serían 48. Un primer intento no pasó de 30. Existe un principio medieval, "quién desenvaina la espada no ciñe la corona". Los cinco favoritos para reemplazarla deben buscar un aliado que se inmole en la batalla, y saber elegir el momento de mostrarse.  

Los 'tories' saben que unas elecciones anticipadas podrían colocar en el 10 de Downing Street al líder laborista, Jeremy Corbyn. Los británicos no suelen premiar a los traidores.

La UE se está preparando para una ruptura sin acuerdo, algo que dañaría a ambas partes. La cancillera federal Angela Merkel, en plenas negociaciones para formar su Gobierno en coalición, ha advertido a los empresarios y a los sindicatos alemanes de que deben prepararse para el impacto.

La falsedad del "Bruselas nos roba"

El 'brexit' se basó en un cúmulo de datos falsos o manipulados, y en mentiras que agitaron el nacionalismo inglés revitalizando la idea de una Inglaterra imperial (en el comercio) libre de las ataduras del ogro Bruselas. Era falso el "Bruselas nos roba", pues el Reino Unido solo paga la mitad de los 350 millones semanales que argumentaban los 'brexiters'. Fue su lema estrella en autobuses y televisiones. Pasada la euforia han empezado a aflorar los costes del divorcio.

Los medios de comunicación británicos preguntan cada vez más a sus líderes qué votarían en un hipotético segundo referéndum. May declinó contestar pese a que en la primera consulta hizo campaña a favor de seguir en la UE, pero dijo que no habría otra consulta. Corbyn sostiene que si se celebrara hoy (el primero) votaría lo mismo: 'remain', quedarse.

Pensar en un segundo referéndum es aún una fantasía que acarician algunos líderes de la UE. Una libra esterlina débil, una inflación seis veces superior del 0,5% del año pasado (2,9%) y una economía que crece menos que la europea, son parte del goteo de realidad sobre la política entendida como ejercicio de narcisismo (Johnson, el xenófobo Nigel Farage), y sobre la propaganda.

Lo que suceda con el 'brexit' afectará a Escocia, que votó quedarse (62%-38%) y a medio plazo a Irlanda del Norte, donde también ganó el 'remain' (55,8%-44,2%). La líder escocesa Nicola Sturgeon maneja como opción para permanecer en Europa un segundo referéndum de independencia. Londres lo rechaza. Ahora lo perdería.

El 'brexit' y los independentistas catalanes

También afectará a los independentistas catalanes, cuyo discurso es similar al de los 'brexiters', un cóctel de sentimientos, exageraciones, datos reales y falsedades. Cataluña se mueve en tierra ignota. No hay precedentes de que una región europea logre la independencia. Escocia pudo ser el conejillo de indias, pero pasó la vez. Nada está escrito en los Tratados pero la lógica jurídica indica que una independencia efectiva de España lo sería también de la UE.

La posibilidad de un segundo referendo en el Reino Unido, diga lo que diga May, toma cuerpo y de celebrarse el resultado podría ser otro. Suceda lo que suceda, la UE (y España) están ante la oportunidad histórica de reinventarse, de ser valientes y apostar por una Europa de las personas y los derechos, no solo de los negocios.

No dependemos de Angela Merkel y Emmanuel Macron, dependemos de un milagro. Y en España, de dos milagros, uno a cada lado del Ebro.

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