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Carles Puigdemont, president de la Generalitat, junto a Anna Gabriel de la CUP tras el pleno del Parlament.

JULIO CARBÓ

Esperando a Fudgemont

Josep Borrell

El 'president', si le queda un ápice de responsabilidad política, debería reconocer que no ha proclamado la independencia y convocar elecciones

Quiero empezar este artículo expresando mi pésame por la muerte del piloto del Eurofighter que se estrelló el pasado jueves. Y también la repugnancia que me producen los comentarios de los que se han alegrado de su muerte presentándola como un triunfo de la causa independentista.

Los sembradores de odio están a punto de recoger su cosecha de tempestades. Aunque estemos instalados en una ya insoportable comedia, con un altísimo coste para la economía de Catalunya, todavía estamos a tiempo de evitar la tragedia. Todo depende de lo que conteste el señor Puigdemont al inevitable requerimiento que el Gobierno de España le ha dirigido para que clarifique el alcance de su confusa intervención en el Parlament

Estamos batiendo el récord de los despropósitos, como bien reflejan los medios de comunicación internacionales

'Fudge', de quien falsea

Ionesco, Arrabal y Valle-Inclán juntos no podrían haber puesto en escena un esperpento mayor. Estamos batiendo el récord de los despropósitos, como bien reflejan los medios de comunicación internacionales. En el mundo anglosajón se tuitea que Puigdemont se ha ganado el mote de 'Fudgemont', tomando 'fudge' en su expresión amplia de quien falsea, falsifica, elude, actúa de forma confusa o deshonesta, engaña, o rebasa los limites de lo aceptable.

Pero su actuación hubiera sido imposible sin la activa complicidad de Junqueras, como siempre tras el burladero, que ahora se declara "totalmente de acuerdo" (12/10/2017, 21.41) con la llamada de Ernest Maragall ((12/10/2017, 13.49) a "asumir el riesgo de la libertad" y "preferir afrontar la represión que aceptar la rendición".

Junqueras debería explicarnos en que consiste ese riesgo. Hasta ahora solo ha manifestado su absoluta seguridad de que la independencia solo tendría beneficios y que recibiría el entusiasta apoyo internacional, empezando por el de la UE.

El fin del realismo mágico

Pero ese mundo del realismo mágico en el que se han instalado demasiados mesías, se esta empezando a desvanecer a marchas forzadas.

Repasen las videotecas y verán a Mas y a Junqueras proclamar: "no se marchará ninguna empresa", "los bancos se pelearan por operar  aquí", "no pasará nada, las relaciones comerciales con nuestro principal cliente, que es el resto de España, mejorarán"… Ahora niegan la importancia de la sangría que amenaza colapsar la economía catalana; sigue sin pasar nada y en todo caso el viaje a la tierra prometida bien vale pasar algo de sed en la travesía. 

Miquel Seguró

Profesor de la UOC- Investigador de la Càtedra Ethos (URL).

Seguramente alguien debió advertir muy seriamente a Puigdemont de ese riesgo y por eso se convirtió en Fudgemont. Y las alcaldesas de las mayores ciudades de Catalunya, Barcelona y L'Hospitalet se lo agradecieron.

Y también agradecieron el tono de Rajoy e invitaron a Puigdemont a responder adecuadamente a su requerimiento:

"Quiero valorar positivamente que el tono de Rajoy esta mañana" y "confío en que Puigdemont responderá… que no se declaró". ( Ada Colau, en La Sexta) :

"Medida y prudente declaración de @marianorajoy….,necesitamos una respuesta de Puigdemont a la altura". (Núria Marín en Twitter (11/10/2017, 12.30)

Cuando esas dos alcaldesas asumen el coste de alabar a un presidente del Gobierno no precisamente popular entre sus votantes, se ve claramente quién pide poner el freno y quién apuesta por el cuanto peor mejor.

Hartazgo y frustración

Es comprensible la frustración de unos porque ven que les han contado un cuento tan falso como las cuentas en las que lo apoyaron; y el hartazgo de otros ante una situación insostenible. Y no es extraño que el Gobierno español se pregunte de qué va eso. ¿Cuál de las diferentes versiones de lo ocurrido es la que debe tomar en consideración? El periódico 'Le Monde' ha publicado en portada: 'Puigdemont declare l’independance de la Catalogne'. Iceta Colau, en cambio, argumentan que no lo ha hecho. Y aunque lo hubiera hecho, es irrelevante, porque de acuerdo con las propias leyes "de desconexión" eso solo podía hacerlo el Parlament, al que no se le ha dejado hablar.

Salvo que Fudgemont se crea que es Luis Napoleón Bonaparte en el Brumario de 1851, no puede proponer dejar en suspenso una decisión que no podía tomar y largarse sin escuchar la respuesta de los 135 diputados

Por eso, la pregunta, aunque se parezca a las conversaciones cómicas de Gila, cubre todo el universo de lo posible : ¿alguna autoridad en Catalunya  ha declarado la independencia? Al Parlament no le han dejado pronunciarse; lo han hecho, explícitamente, un grupo de diputados, pero no son ninguna  autoridad. El 'president' de la Generalitat si es una autoridad, la primera, y si le queda un ápice de responsabilidad política, debería reconocer que no lo ha hecho. Y convocar elecciones.